CADA COSA A SU TIEMPO: En cada recolección sentimos necesidad de escribir “algo”. En efecto; el bolígrafo y la cuartilla se sienten propicios y ya sólo es cuestión de recordad lo que se ha visto, o describir lo que se ve. Todo lo que se refiere a “recolectar” es grato, pues ello lleva implícito afanes, ilusiones, esperanzas y realidades “imprescindibles”.
EL ESCRITOR: Habrán observado ustedes con qué “amor” trata los temas de campo el escritor, y cómo está atento a todas sus gestaciones y alumbramientos. El escritor ama intensamente la paz, y en ningún sitio se manifiesta con la mayor elocuencia. Allí todo es sosiego, armonía, belleza, alabanza al Creador. Sus variados colores (¡la más perfecta policromía!), el lenguaje de sus aguas, el sonido del viento, el adorno de árboles, floresta y animales… Todo es un canto armónico y sublime creado para el hombre. Por ello, es natural y propio que se escriba “con tanto amor” del campo, y el hombre lo busque para descargarse de la pesada y abrumadora carga ciudadana.
EVOCACIÓN: El haber vivido mi infancia y mi juventud en Albaladejo; cuyo campo ofrece el más bello aspecto plateado y, consecuentemente, su principal riqueza es “la aceituna”, ha constituido, para mí, un permanente recuerdo este cultivo y una íntima asociación a mis vivencias. Es certísimo aquello de que “nada se agarra con más fuerza a nuestro recuerdo como lo vivido en la infancia”. Cuando escribo de ciertos temas que impresionaron mi infancia (y algo menos mi juventud) me lleva a aquellos tiempos felicísimos, y en el mismo escenario que se produjeron.
DON JOSÉ BALLESTEROS ESTERO: Por si no fuera suficiente mi propio deseo de escribir “sobre la aceituna”, viene a avivarlo este dignísimo sacerdote (capellán del Hospital Provincial), que al llegar esta faena, y en su “carta semanal” dedica unos párrafos a lo que él vivió, antes de serlo y siendo seminarista. Y se recrea contando lo que le pasó en “El Cuco”, en Montalbán, en el Realejo… cuando participó como un “aceitunerillo” más. ¿No será que le ocurra lo que a mí me ocurre?
DE LA TERMINOLOGÍA PROPIA: Varejón, varilla corta, paños, escalera, cribón, capachos, espuertas, vareo, ordeño, olivar… Luego: “fabrica” (por allí no se dice “almazara”), molineros, prensa, cimbeles, trojes, rulos (los conos de trituración), motor, aceite, depósitos turbios, jipía, alpechín… ¡y hasta en otros tiempos “cagarraches”, que eran las prácticas de molinos aceiteros procedentes de Maranchán!
CALOR EN EL CORAZÓN: Como nuestros numerosos “jornaleros” no dan golpe desde la vendimia, cuando llagaba la recolección de la aceituna el frío de su cuerpo lo compensaba “con creces el calor de su corazón” al tener él y sus hijos, durante unos días, un jornal para ir “maltirando”, hasta que volviera a producirse “la gran ocasión” de emplear sus brazos. Pero ¿es que nadie se acuerda de aquellos tiempos, y se empeña en no compararlos con estos? ¿Es que el ruido de su “automóvil” le ha hecho perder la memoria? ¿Es que…? ¡Allá cada uno!
LAS COMIDAS EN EL OLIVAR: La primera comida (ellos la llamaban “almuerzo”) la hacía el aceitunero en su casa; la segunda, (entre una y una y media de la tarde), en el olivar. Todos junto a la lumbre (quemándose por delante y congelándose por detrás) en torno a la gran sartén con: el caldo de patatas, o moje con bacalao, las gachas de harina blanca, o de “guijas” (almortas) con tajadillas de tocino, el “rin-ran” con cebolla y bacalao, el ajo machuco (patatas cocidas, majadas y mezcladas con aceite crudo), el potaje con tocino y morcilla y, muchas veces de sequillo: bacalao crudo, tocino, sardinillas cubanas, pan con aceite… todo, según la temperatura del día. Después de ayudar a descargar en la fábrica, a cenar a casa y acostarse temprano para poder madrugar. Finalmente “la cuenta”, y a esperar la providencia de Dios, y a que la tierra diera un nuevo parto.
EN LO HISTÓRICO Y EVANGÉLICO: Todos sabemos que Cristo acostumbraba a orar en el “Huerto de los Olivos”, donde le prendieron y empezó su Pasión profetizada. También es conocido el pasaje evangélico en que “aquella señora” que acudió sin aceite para su lámpara, y mientras fue a comprarlo llegó el esposo. Es sabido que en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, los judíos tendieron ramos de olivo a su paso, montado sobre aquella pollina. Quemados estos ramos el Domingo de Ramos su ceniza sirve para signar nuestra cabeza y recordarnos que volveremos a la tierra de la que fuimos formados.
SIMBOLISMO: Nada hay de mayor valor en la tierra que la paz, y ésta, precisamente, se representa portando la paloma un ramo “de olivo” en su pico. ¿No es altamente significativo?
DEDICATORIA: Vaya este modesto escrito para los aceituneros humildes de Jaén, de Albaladejo, de Mora de Toledo (con su famosa “Fiesta del Olivo”), de Andalucía, de Aragón… y para los “aceituneros altivos” que gracias a Dios, la evolución de los tiempos los han vuelto así, y que han dado motivo a una popular canción. Los tiempos van marcando los signos que corresponden.
Lanza, 11 de Enero de 1976. Pág. 3 (dominical).
Por Venor.