HORIZONTE

El borriquillo.

Antes que esta conocida especie desaparezca (lo que está próximo a producirse) quiero dedicarle un trabajo, como homenaje, dados los grandes servicios prestados, a través del tiempo.

Por mi puerta, por mi calle, pasaban obreros, con sus burros, a cualquier hora, camino del campo, o del pueblo. Hoy, solo veo, conduciendo su burro, a Manuel Delgado y a Florentino Matamoros, pero este último me ha dicho que piensa venderlo “para la carne”, y comprarse una moto pequeña. Manuel Delgado lo venderá, para lo mismo, pues después de coger “lo poquillo que tengo sembrado, me voy a jubilar, pues ya cobro la vejez…”

Como se ve, y pronto no se verá, hay que darse prisa a escribir sobre el borriquillo, para que nos lo pueda agradecer.

Conocidos son los grandes servicios que, en todo tiempo ha prestado entre los humildes, entre los cuales hemos de citar: llevar y traer a los jornaleros al campo y al pueblo, así como sus herramientas y útiles; transporte de basuras, en los “serones”, traída de agua, en las aguaderas; de garrujos, para las obras; de leña, para los hornos de pan, y para las “tejeras”; transporte de uva y aceituna, así como el aceite, en las cántaras de cinc; y otros muchos.

Y hasta tuvo un transporte señorial, pues hubo una época amplia, que llevó sobre su lomo, en las “hamuguillas” a damas principales en cortos viajes.

En los pueblos de nuestro partido judicial, en las grandes temporadas de paro estacional; los jornaleros traían, con sus borricos, cargas de leña (“fina”, o de cepas de monte), que necesitaban en su casa, o vendían a los artesanos, para que aquel día tuvieran un trozo de pan sus hijos. El burro –como decían sus dueños- “son nuestros pies y nuestras manos”. El burro fue como un miembro de la familia, que se le quería como tal. ¡Hasta las crías eran un gozoso rendimiento!

En los sitios de sierra, son utilísimos. Así los hemos visto en las sierras de Alcaraz, en la de Cuenca, en la de Cazorla… Precisamente, el gran pintor cazoreño, Ángel Benavente Landínez, tiene asociados a sus magistrales cuadros “el borriquillo”; como principal y típico detalle serrano. También hemos conocido a aquellos obreros jienenses, con sus recuas de burros, echando piedra a las carreteras (era de ver el “guindaleta” –que conducía a los demás a los lugares de carga y descarga-), y que volvían, al cabo de los meses, con la recua mermada, y la cartera bien flaca. ¡Pobres hombres!

En el aspecto religioso, sabemos que: la Virgen María y San José fueron a empadronarse a Belén haciendo el largo viaje en la “burra” de unos vecinos. Con la misma, huyeron a Egipto. Cristo hizo su entrada triunfal en Jerusalén en una “pollina” que ordenó se la llevaran, a este fin. A su paso tendieron ramos, palmas y ¡hasta sus propios vestidos!… En el sacrificio de Isaac figuran también “los burros”, y en otros pasajes bíblicos y evangélicos.

En lo literario ¿quién no conoce a Rucio, de Sancho Panza, compañero inseparable de Rocinante? Y todos somos grandes amigos de “platero”, a cuyos lomos ganó, el extraordinario poeta Juan Ramón Jiménez, el “premio Nobel de Literatura”, en 1954.

En cada lugar de montaña, donde he visto a este humilde y sufrido animal, le he dedicado un trabajo sin lograr su publicación. ¿Tendremos ahora suertecilla? ¡Ojala!

Lanza, 14 de Julio de 1974. Pág. 3.
Por Venor.