Alcubillas.- Hasta los medidores del tiempo mueren, en su segundo.
Nuestro querido reloj de la torre de la iglesia se nos ha muerto de viejo. Había sido sometido a demasiadas “intervenciones” de expertos relojeros pero, en la última, le falló el corazón y se nos murió ¡sin remedio!
Se ha cumplido, en este como en tantos casos, aquello tan viejo de: “A rey muerto, otro al puesto”. ¡Así es la vida!
El que a tantas personas, de este pueblo, les señaló el último segundo, en su despedida terrena, (¡cuantos requiens habrá oído!) no ha podido la ciencia salvarle de la muerte.
Nada hay que muestre mayor indiferencia, ni sea más despiadado que un reloj. Pasan velocísimas nuestras horas felices (¡todos las hemos tenido y las tenemos!) y se recrea en caminar despacísimo ante nuestras desgracias y adversidades. ¡Cuánto dura una hora en un sanatorio, operando, los cirujanos, a un ser querido nuestro!, ¿cuántos minutos tiene una hora mientras nuestra esposa nos da nuestros hijos? ¿Cuánto…?
El reloj tiene manecillas (¡claro!) para señalarnos, constantemente rumbos, caminos y puertos. ¡Sólo hay dos!, y nos lo está diciendo con su voz timbrada, y… espaciada, frecuentemente.
¡Qué gran misterio encierran las delicadas piezas de un reloj! ¡Con qué habilidad las saben colocar los relojeros! ¡Cómo les da vida “la cuerda”, “su corazón”, al dejar de latir, lleva a todo a su final! ¡El reloj es la imagen de nuestra vida!
-El reloj tiene carácter sagrado. Todas las iglesias, las catedrales, las basílicas, los monasterios…, lo tienen en lugar destacado y visible. ¡Está demostrada su importancia!
Es una maravilla nuestro nuevo reloj. Su gran esfera es blanca, como el campo de la nieve y es tan sencillo, que tiene numeración arábiga para que todos la entiendan, y sus números son “muy negros” para que todos los lean. La numeración romana es enrevesada, de sumas y restas… ¡de orgullos y soberbias!
Han sido veinte años los que el viejo reloj (¡que acaba de morir!) me ha marcado muchas horas, de todas clases. ¡Ya no puede oír mi sentida despedida! Al nuevo le deseamos muchos años de vida (al darle nuestra más cálida bienvenida) para que siga marcando un venturoso destino en todos los aspectos, a los hijos de esta humilde villa. Amén.
LANZA, 2 de Marzo de 1973. Pág. 6.
Por Venor.