HORIZONTE

La vivienda, el pluriempleo y la prisa

En este ambiente tan múltiple, tan variado, tan cosmopolita y localista, no es posible definir. Desde mis tiempos de estudiante hasta los actuales ha cambiado totalmente la fisonomía de este Madrid castizo y cambiante. Cada vez que aquí vengo no reconozco ni el barrio por donde tantas veces pasé. Está totalmente desdibujado su paisaje urbano; cambiada su fisonomía.

…Estos “bloques de viviendas” geométricos, uniformes de contornos concretos y limitados… me dan la sensación de ser algo deshumanizado (a fuerza de su mucha humanidad –sin que sea paradoja-); que el número le hizo perder su alma por estar convertido en “masa” abigarrada y multiforme, dentro de la mayor uniformidad que conocieron los siglos. Estos “pisos”, encumbrándose unos sobre otros, parece como si el destino quisiera que unas personas “pisotearan” a otras. Las más pobres ocupan los lugares más altos porque son los más directos herederos del cielo y a su muerte, están más cerca de Dios.

…Los “provincianos” han tomado los aledaños de las grandes ciudades como si les hubieran puesto cerco. Sus pisos más que lugares de morada, de residencia… son sitios de refugio, de paso… El trabajo suele estar lejos y hay que buscar lo funcional aunque este suele ser el hacinamiento, lo infrahumano. Hoy, los pisos son verdaderos “tenderetes” de ropas en sus exteriores, donde se exhiben, con profusión y descaro todas las intimidades familiares. Cada vez que veo todas las “terrazas”, secando la ropa me parece que se ha producido una auténtica invasión gitanesca o quincallera. La urbanización (palabra muy parecida a urbanidad) y la habitación del hombre dicen muy elocuentemente lo referente a moralidades y espiritualidades humanas. Ya se ha dicho quienes tienen que intervenir en “urbanismo”: arquitectos, higienistas, pedagogos, políticos, jerarquias de la iglesia…

…El pluriempleo es un “negativismo” actor social, y de falta de calor hogareño. Ha engendrado ese fenómeno nuevo (cada vez más acentuado) de la “prisa”. Hoy, aunque estemos jugando a los dados en la cafetería, no se nos cae de la boca la palabra prisa. Se corre mucho para estar más lejos de los nuestros. Por otra parte, el pluriempleo (¡torpe desplazamiento personal!) es nefasto por su demostración de ineptitudes. Todo ello, aunque parezca raro, tiene una relación directa con la vivienda que refleja con mucha exactitud, la mentalidad del hombre y su tiempo.

…Hemos ganado en “horizontalidad”, pero nuestro principal progreso ha sido la “verticalidad”. La razón es sencilla (a mi modo de ver): el hombre tiende a la igualdad más absoluta, y esta parece lograrse en la concentración, en la centralización, en el hacinamiento, en la confusión… Ya se va viendo, la preponderancia de las “ciudades satélites” que terminarán, en plazo no lejano, por imponerse, ya que la supremacía que se vislumbra es más de las masas que de selección. Las grandes urbes son como una sima sin fondo donde todo cabe. Buena prueba es que los que se evaden de los pueblos huyendo del campo encuentran pronto colocación en lo más variado, sin que puedan demostrar ni la más mínima “formación” en aquello que están colocados.

Las elevaciones en la edificación de estas urbes estará en proporción muy pronto con el derrumbamiento de pequeñas ciudades y villas. Si Dios y la Ley de Seguridad Agraria no lo remedian. Esto quizá no sea fácil entenderlo, de momento, pero el tiempo lo aclarará.

Como aquí no se ven tractores, ni yuntas de mulas camino del barbecho, de la huerta, de la viña… a los que vivimos en pueblos pequeños de nuestra geografía no nos cabe en la cabeza “de qué” puede vivir tanta gente. Pensamos (quizá no estemos en lo cierto) que todo se reduce a una explotación humana recíproca; como dijera el filósofo inglés “el hombre lobo para el hombre”, Cuando proliferan los intermediarios, cuando abundan las oficinas, cuando se inventan raras e inútiles profesiones, cuando no hay claridad… es porque la organización falla, el trabajo está mal distribuido y el reparto de bienes muchísimo peor. Cuando se de este estado de cosas la máquina social empieza a chirriar y termina por resquebrajarse y romperse. Hay que descentralizar para ensamblar y equilibrar.

Termino de contemplar una de las calles de barrio de Delicias, que tantas veces recorrí durante mis tiempos de estudiante. No conozco ya esta calle; cambió totalmente su aspecto, y es difícil reconstruir el de entonces, aun echando mano a la imaginación. He visitado otros lugares, que fueron muy frecuentados por mí, y me ha ocurrido lo mismo. Todo está marcado por el paso del tiempo. Pero todo se transforma en velocidad supersónica. La velocidad y los cambios rápidos (en modas y modos) son los signos más característicos de la actualidad. No es buena cosa esta “falta de permanencia”, ya que existen innovaciones que mueren apenas han nacido y revelan una peligrosa inestabilidad, consecuente con nuestra mentalidad. De todo esto se deducen unas claras consecuencias, que serán objeto de un próximo trabajo, si Dios quiere.

LANZA, 29 de Enero de 1971, pág. 6.
Por Venor.