HORIZONTE

Las “recomendaciones”

Las “recomendaciones” son un síntoma claro de descomposición social. Revela claramente que confiamos más “en los demás” que en nuestro propio esfuerzo… ¡Y los resultados son también claros!

Las recomendaciones constituyen una tremenda injusticia y una falta de caridad. Siempre habrá hombres mejor situados que otros y serán los beneficiados.

Quien le usurpa el puesto a otro “por esos medios” comete un robo moral y es un grave cargo de conciencia. Nada justifica el que para lograr lo que nos propongamos hayamos de valernos del favoritismo, del soborno ¡o de otras cosas! Muchas veces se trata del “porvenir de un joven o del pan de un padre de familia”. ¡Es muy delicado “esto” y nos plantea a todos un problema moral de trascendentes consecuencias morales y sociales! Hay que proceder con estricta justicia (¡a cada uno lo suyo!), haciendo caso omiso de apellidos, ascendencia o parentesco. Lo contrario es una gran inmoralidad, que no debemos permitir, pues quien la permite…

Corremos unos tiempos en que las recomendaciones están “a la orden del día”. Por lo visto para todo se necesitan; desde la adquisición de un simple billete de tren, hasta el logro de “más alto puesto”. Pero donde con más frecuencia se ven “estas búsquedas” es en las oposiciones para cualquier puesto del Estado, de la Administración Local o de cargos de permanencia o “escalafones”. Allí se mueven todos los resortes: familiares, amistades nuestras, próximas o remotas y hasta las amistades de nuestras amistades. Localizadas, empieza “el asedio, la pretensión, el halago, la promesa o el soborno”. Se hacen largos viajes y se alegan estimaciones y cariños, sacando a relucir viejas y olvidadas historias. Nos vamos con “la promesa” de que se nos atenderá… “pues el recomendante es cuñado de un intimo amigo de el presidente de aquel tribunal”. Pero seguimos viendo “a otro” y “otros”, mientras disponemos de tiempo. Recuerdo a este respecto una anécdota que es todo un poema. Un opositor, en el ejercicio oral, no contestó ni una pregunta formulada por el tribunal. Entonces el presidente, hombre bueno y generoso, le dijo cariñosamente: “Entonces, usted, ¿que ha preparado?, a lo que el opositor sorprendido y atrevido contestó: “Pues, pues, ¡las recomendaciones!” En consecuencia con lo expuesto, considero que es necesario hacer llegar a las conciencias de las gentes que las “recomendaciones” son un gran mal social, en todas las dimensiones, pues lo que interesa (en beneficio de todos) es tener cada día mejores maestros, ingenieros, catedráticos, agricultores, artesanos (¡no digo que no sean buenos los que tenemos!) Porque todo es posible de perfección. Y todo esto, mis amigos lectores creo que viene por el camino del “trabajo”, nunca por el de la “recomendación”.

LANZA, 3 de Junio de 1965, pág. 6.
Por Venor.