Mientras “este día” se nos tenga que recordar con carteles y propagandas, es porque está sin resolver. No creo que el problema se solucione con “limosnas”. En lo que es de justicia no cabe aplicar la limosna, este es un término demasiado humillante, chato e impreciso, para emplearlo como continuo remedio. Con “oraciones” sólo tampoco creo que se soluciona por aquello de: “A Dios rogando…” Hemos de ayudar, a quienes están en la irritante desigualdad, con enseñanzas, con promociones, con herramientas, con utillaje, con proporcionarles los medios para explotación racional de sus recursos, con su dignificación personal. Lo demás sería como remiendos de tela vieja en trapos viejos.
Es terriblemente acusador para la Humanidad la situación de seres adultos y niños que se mueren de hambre. El hambre del cuerpo lleva consigo las demás hambres; la del espíritu, la de los valores morales, la de la inteligencia… La desigual distribución de los bienes y riquezas de la tierra, las injusticias de toda índole, de los poderosos y la falta de caridad “de todos” son las causas primordiales de los terribles males que afligen a millones de seres. Es vergonzoso para el hombre tener que confesar que ¡muchos! de sus semejantes están subalimentados por culpa de los primeros. Se ha dicho, con muchísima razón, que los gastos de guerras permitirían, con poco más, remediar, de momento, estas desesperaciones, mientras preparábamos la promoción y la dignificación de los pueblos subdesarrollados. ¿No mandan los gobiernos a centenares de médicos, ingenieros y técnicos de las más diversas especialidades por necesidades de las guerras? ¿Por qué no se envía ese dinero y esos hombres a los pueblos que lo necesitan con fines pacíficos y de bienestar social y dignificación humana?
…Si los hombres dirigentes del mundo pusieran en práctica cuanto recomienda la Encíclica “Populorum Progressio” todo se resolvería de manera sencilla, ya que quedaría demostradas la buena voluntad y el amor de los hombres, de lo que tan necesitado está el mundo.
Pasará este día y seguramente, todo seguirá igual: los que tienen ¡de todo! Continuarán despreocupados, durmiendo “a pierna suelta”, y ya no se volverán a acordar de “los que nada tienen” hasta que un nuevo “aldabonazo” suene en sus cerradas almas.
…Y no habrá cambio en los métodos ni en los fines, ya que el hombre que es quien puede poner remedio, no quiere evitarlo. Crea injusticias para luego presumir de “caridades”.
El slogan: “Por un mundo mejor” es y seguirá siendo, una pura utopía mientras haya hombres egoístas, soberbios y ambiciosos…
LANZA, 22 de Enero de 1970, pág. 11.
Por Venor.