Doy las gracias a todos los que habéis seguido la lectura semana a semana de los artículos que han ido apareciendo en la página. He realizado este trabajo con el mayor respeto a la figura de D. José Vicente, y he puesto el máximo empeño en transmitir la virtud por el trabajo y el esfuerzo que tantas veces nos inculcó nuestro maestro, sin la ayuda de algunos no hubiera sido posible. Vosotros con objetividad veréis si los resultados se han conseguido. La valoración es vuestra.
Con el centenar de artículos, décima parte de lo recopilado, creo haber llegado a cubrir la totalidad de temas que Venor abordó en su día. En ellos, tras trece largos años de escritura, se aprecia la evolución de una época y la historia particular de nuestro pueblo.
Al inicio del trabajo, en el prólogo, expresé el motivo principal: “romper el silencio” que durante tantos años sus alumnos hemos practicado, y tratar de reconocer la entrega y admiración que tuvo por nuestro pueblo y principalmente por elevar a todos, padres e hijos, de nivel educativo y cultural.
Maestro, juez, vecino y sobre todo amigo es lo que hace que su figura cobre una dimensión de referencia en nosotros. Desde aquel lejano año de 1953 que llegó a Alcubillas, su presencia (siempre tangible) y la sombra de su personalidad que nos ha acompañado durante los años de ausencia, ha dirigido las almas de sus alumnos y vecinos como ejemplo de honradez y virtud. Un caballero capaz y comprometido con su trabajo. Escribió y vivió con la aspiración de ser la voz de los sin voz. El anhelo de su vida fue que los valores rurales no se perdieran y hacernos ver el tesoro espiritual que tiene el hombre de campo. Que la sencillez y las primeras inocencias infantiles fueran junto con los juegos la vida normal de los niños y no privarles de ello. El injusto “trabajo infantil” (en economías de subsistencia) transformado en una rápida productividad los convierte en “niños que no lo son”, que diría él.
Como maestro le avala el ingenio de sus ideas. Es innovador en temas pedagógicos e introduce la metodología más actual en su labor (la prensa en la escuela como apoyo a los programas educativos oficiales) y animador del despertar educativo del alumno. Transmitió los valores y beneficios de la cultura con afán de superación personal. Vocación que supo desarrollar en beneficio de todos y con la consecución de becas para la mayoría. Gracias a ellas la mayor parte de sus alumnos pudimos estudiar. D. José Vicente sembró la palabra y el ejemplo y obtuvo una abundante cosecha, hoy la podemos ver en la ventajosa posición educativa que disfrutan la mayor parte de sus alumnos. Su labor fue educar niños para la vida.
Como juez nunca quiso eludir la responsabilidad y el compromiso con los vecinos de la localidad. Su trabajo y trayectoria es una hoja de servicio que ennoblece el Juzgado de Paz de Alcubillas con veredictos y sentencias de otra época. La justicia y la paz no siempre son sinónimos de libertad, Venor lucha por el bien justo y responsable para la comunidad. Justicia, que en palabras de Platón, libro I de la República, “es un bien para todos menos para el justo… el hombre justo siempre lleva la peor parte cuando se encuentra con el hombre injusto”.
Como vecino le podemos apreciar en el artículo: “La fidelidad y cariño de un perro” o “Un vaso de vino bajo mi higuera”. Los que le trataron tienen la experiencia de su amor por la convivencia, un hombre que ganaba en la distancia corta. Su proximidad era tan delicada y especial que nunca quiso importunar a nadie, incluso cuando visitaba a la familia sabía pasar de puntillas para no molestar más de la cuenta. Su parcela era el reino de la lectura y la escritura.
Como amigo, lo fue todo, en él se podía confiar. Sus amistades, familiares, vecinos y convecinos de un pueblo son testigos de su continuo agradecimiento y alabanza de los valores de cada uno. Él los sabía apreciar. Y los apreció en todos los escritos que hicieron referencia a las amistades.
Elogiar es devolver algo por lo mucho que dejó en el pueblo. Las bondades de un hombre no se pueden ocultar. Su obra escrita es un legado para la historia de Alcubillas, algunos artículos bellas estampas costumbristas, otros fiel reflejo del habla de tiempos pasados, y la moral como base en otros tantos. Trabajo y estudio, magisterio y educación le han servido no para vencer sino para convencer que es el mayor don de los hombres.
Nombrar “Horizonte” es introducir el nombre de D. José Vicente en el mundo de las letras. Entre sus amistades nos encontramos a la mayor parte de los poetas del Grupo Literario Guadiana. Uno a uno fueron entrevistados por él como “valores poéticos de nuestra tierra”, la página Letras y Arte de nuestro Lanza es testigo de ellas. Contribuyendo con estas cartas-cuestionarios a la promoción y al conocimiento de ellos. La mayoría jóvenes promesas, que con el paso de los años consagraron su éxito: Nicolás del Hierro, Vicente Cano, Sagrario Torres, Manolita Espinosa, Francisco García Pavón, Pascual A. Beño Galiana, Julita Rivero, etc. etc. Fue amigo personal del poeta valdepeñero Juan Alcaide. Pintores como Ángel Benavente (de Cazorla, Jaén) también está incluido en su larga agenda. Y en sus últimos años de vida conoció, escribió de sus libros y tuvo como íntimo amigo y confidente, al dominico P. Richard Cuadrado Tapia O.P.
Finalmente quiero agradecer a Julián Ruiz por su trabajo en la confección de la página y por el tiempo dedicado a insertar los artículos. También una mención especial a Concepción Ventoso por el dibujo que ha realizado de su padre. Entre otras cosas me dice: -“… el dibujo es un reflejo de su alma manchega…lo he metido en un campo como si estuviera emergiendo de la naturaleza, detrás vemos el horizonte alusivo al título de sus artículos (Horizonte). Él se mimetizaba con la propia naturaleza, y ¡qué mejor forma que estar dentro de ella! …en su corazón palomas portando un manuscrito, somos sus hijas… el manuscrito tiene fragmentos del poema que escribió mi hermana a su muerte… en el camino hacia el molino hay retazos de esa poesía. A los pies del retrato como base y en su honor hay trozos de artículos en su recuerdo”.
Su mundo la familia, su vida la educación, su espacio la escuela, en ella desarrolló la vocación en el cumplimiento de un deber, todo su ser por el bien de los niños. Ahora termino con su palabra:
“…Considero que el niño ha de estar más al tanto de la historia que vive, de la que al día nos traen los periódicos, que la que pertenece al pasado. Ésta sólo interesa como explicación de hechos y circunstancias de presente y de futuro… Pero no podemos consentir que no se enteren de lo que ocurre en el mundo en que viven, pues entonces desconocen su propia historia.” (Mi escuela parece que está en el campo. Lanza, 12 de Diciembre de 1968, pág.11).
Un saludo.
Diego G. Patiño.