En otros tiempos, no muy lejanos, solo se celebraban estos certámenes en las grandes urbes y entre un grupo muy reducido de personas. Hoy, da un ejemplo bellísimo Alcubillas al celebrarlo entre sus hijos. Es el primer paso que no se debe interrumpir y si superar permanentemente… Y para mí la satisfacción no tiene límites, cuando la mayor parte de los participantes han sido mis alumnos y contribuí, dentro de mis posibilidades, a que este gozoso hecho se haya podido producir.
FIESTA DE LA POESÍA Y DE LA VENDIMIA.
En este medio geográfico, entre vides, bodegas, tinajas y vino al natural que, en su obsequio, se le dedique una fiesta esplendorosa… Y, se han fundido, en amoroso abrazo Vendimia y Poesía por ser dos conceptos inseparables. Ninguna otra faena del campo tiene más canciones, mayor gracejo, más sana alegría que la que nos ocupa. La gente joven ríe y canta entre las verdes pámpanas y dorados racimos; la gente “madura”, en su alegre trajinar va “echando sus cuentas” y los viejos gastan su tiempo en filosofar y en su exposición de recuerdos. Por que en esta faena bulliciosa, sin prisa y sin pausa, caben todos y cada uno tiene su adecuado rendimiento. ¿Habéis comprobado alguna vez la alegría de los “majuelos” cuando la legión heterogénea se apresta a desprenderle sus frutos? ¿Habéis mirado la cara de satisfacción del manijero dando órdenes como un capitán? “por allí los capachos… trae agua… prepara el almuerzo… Y mientras revisa capachos, los recalca (para que el jefe esté contento) y cuida de que nada le falta a su gente (que le escuchan embobados)… Y está vigilante cuando se aproxima la hora de la llegada del vehículo que transporta la uva. Una vez llegado el transportista se hace cargo de los numerosos encargos y dice: (muchachos a cargar, que cuanto antes lo hagamos antes quedamos descuidados…” Y en ese ir y venir, entre canciones y risas, entre trabajos y pausas va discurriendo esta bellísima Poesía de la Vendimia, que llena el ambiente de “un no se qué” imposible de captar con la pluma en su sutil realidad. Y en ese “no se qué” es donde radica, precisamente, la Poesía bucólica de nuestros campos manchegos, impregnados, estos días, de la más augusta belleza y el más delicado colorido.
La vendimia es presagio del más depurado optimismo… por lo que después vendrá. Así lo ha demostrado nuestro gran poeta Torres Grueso, que hace soltar al sarmiento todo su jugo poético y exprimir al racimo hasta hacerle destilar sus más ricas esencias viñadas … Y grandes escritores, vates gloriosos e inmortales juglares le han dedicado su pensamiento y su pluma en trabajos bellísimos, que constituyen una hermosa antología. Es una fiesta en la que se han conjugado ¡siempre! Las exquisiteces del espíritu con las más altas galas literarias.
EL VINO.
De madre tan noble no podía proceder un hijo más digno, cantado y alabado en todo tiempo y lugar. De él ha dicho, recientemente la escritora María José Arredondo Piedrota (Premio Nacional 1965-66 del Instituto Nacional del Libro Español), en su trabajo titulado “El vino español, en el Quijote de España “: “Ah, sabio e ingenioso poder del vino. Tu nombre y presencia excusa al hombre de responder aquello que no le conviene, y en tu nombre también se cambia la plata y el oro en cobre. Eres, en los negocios: presentador y medianero; contigo se cierra un trato y se pone sello a un acuerdo. Embajador y gobernante, esclavo señor, se te puede apresar por el tiempo que se desee, que siempre cuanto más largo sea ésta mejor sabrás, agradecido al cristal que deja admirar tu color y al recipiente del cual tomas acomodaticio la forma, para salir cantando cuando te dan libertad y alegrar con tu sabor y perfume a los carceleros de tu fragancia”.
No hay fiesta ni ceremonia donde no se halle presente el vino, fruto de la vid, autorizado por el mismo Jesucristo en las bodas de Caná con su presencia y bendición… pero sobre todo, es el vino el elegido para ser representante de la Preciosa Sangre del Señor, realmente presente en el Cáliz consagrado. ¿Puede darse más alta distinción? Mirad los campos en verano: están llenos de espigas doradas y dorados racimos de uva que esperan, tras las faenas precisas ser llevados al Altar, donde el misterio del Señor dirá: Este es mi Cuerpo. Esta es mi Sangre que será derramada por vosotros. Que este vino celestial nos sea ofrecido un día en eterna felicidad por los Ángeles del vino español, cantado por los hermanos Murciano en sonetos que vibran como campanitas de cristal llamando a la oración de la tarde. El vino ha tenido su purificación con el tiempo. Aún recuerdo con nostalgia, por que una lleva alegre y gozosamente a la época de mi niñez, aquellos pisadores con chanclas de madera sujetas a sus pies con cuerdas de esparto en una danza “monorrítmica” y alegre, presagio de fiestas y comilonas. La calidad de nuestros vinos ha mejorado, con el moderno utillaje en su elaboración y las nuevas técnicas, pero de todos modos siempre fue el mejor de todos los tiempos, que conoce perfectamente la geografía universal y nunca se le han resistido las latitudes. Lo que hace falta es que lo consumamos a gran escala, huyendo de bebidas enfermizas y mistificadas.
Quiero poner a este trabajo el broche de ideas y palabras que nos lleve a la meditación de cuanto he expuesto. Y siguiendo aquellas palabras del Evangelio de que no solo de pan vive el hombre hemos de completar la obra material anteponiendo lo espiritual. Luz para nuestras calles, sí, pero primero para las inteligencias. Prosperidad material, sí, pero antes la siembra del amor, entre los hombres, que es lo que se esta haciendo en este pueblo, debidamente atendidas ambas cosas, ocupa aspiraciones que escale la mas alta cima de la dignidad humana en todas sus dimensiones.
LANZA, 16 de Septiembre de1966, pagina 6.
Por Venor.