HORIZONTE

Por cariño a un pueblo

Alcubillas_ (corresponsal). Considero que la mejor prueba del cariño es el sacrificio – el sufrir por los demás-, el soportar sus defectos y tratar de corregirlos. El no desanimarse nunca, el no retroceder ante el primer obstáculo e ir venciendo los “sucesivos”, hasta lograr nuestro propósito y dar cima a nuestra obra.

En estos tiempos llamados “modernos” –modernos son siempre los que uno viva- hay muchas cosas a las que no nos podemos sumar, porque hay que corregir. Quien intenta “hacer el mal” encuentra más adeptos que quien pretende “hacer el bien”. Porque parece que hay mayor propensión a lo primero que a la último. ¿Quiere esto decir que toda la gente sea mala? Líbreme Dios de semejante aseveración. Precisamente estos pondrían “el grito en el Cielo”. Despliegan toda su actividad para que “el bueno” no pueda desarrollar su obra…O quede “ridiculizada” o “minimizada”. No se le puede dejar “al malo” ninguna fisura…, ningún resquicio, porque enseguida “mete su cuña” y maneja el martillo con toda su fuerza para hacer astillas y pulverizar la persona y la obra. No debemos permitir que se nos “cuele” porque sus efectos son semejantes al del gusano en la fruta. Para no permitirlo se han de reunir muchas y excelsas cualidades.

En otros tiempos nadie hablaba del “cumplimiento del deber”, porque todos lo cumplían. Ahora parece que el cumplirlo es una heroicidad por los numerosos y enormes obstáculos que hay que vencer antes. Ya lo dijo con frase feliz el Santo Padre Pío XII: “El mundo padece una grave crisis de conciencia”.

Lo verdaderamente meritorio es cuando llegamos “más allá”. Pero si no es posible “más acá, ¿Cómo podemos alcanzar ese más allá? Los que lo intentan y lo logran, saben los “chaparrones” que tienen que afrontar, de manera más o menos abierta o solapada. Parece que el “cumplimiento del deber” está hecho de goma y algunos lo estiran porque les da mucha lástima romperlo. Con las dimensiones que les dan quieren justificarse ante los demás; tal vez no les sea tan fácil justificarse ante sus conciencias.

Me he desviado bastante del objeto principal de este modesto artículo y vuelvo al camino. Quería demostrar mi cariño a este pueblo manchego, en el que presto mis servicios durante doce largos años. Hasta hace unos días leían aquí nuestro periódico LANZA, cuatro familias, ahora lo leen treinta familias. Hablando con unos y otros, empleando los más diversos argumentos para llevarles al convencimiento he logrado que el periódico no sea de la exclusiva de los hombres de carrera, sino que penetre en la casa del honrado artesano y del sencillo labrador. ¿No se ha dado un paso en su dignidad y en su elevación social? El periódico, ya en la casa, pasa de mano en mano, tiene para todos y “todos” se ven obligados a leer. ¿No es este un medio directo para interesar a las gentes en la “historia diaria”, de lo cercano y lo lejano? ¿No conseguiremos también, elevar su nivel cultural y otros niveles, en lo bueno, con la lectura? El ideal sería que, además del periódico se leyeran buenos libros, pero contentémonos con que lean primero, cada uno y la parte que le guste. Donde nada había y ahora hay algo, ya es mucho, como punto de partida.

Creo que he prestado un servicio más de gran cariño a este pueblo. No lo he hecho porque se valore y se agradezca (había perdido la pureza de intención), sino simplemente, por ese cumplimiento del deber de que hablaba poco antes. ¡Ah…! Y por esa íntima satisfacción que siempre produce el hacer el bien a los demás…, y porque al fin y al cabo, somos de la tierra del “Quijote”, a la que amamos entrañablemente.-José V. Ventoso.

LANZA, 6 de Enero de 1965, pág. 3
Por Venor.