Hoy termina marzo y añoro los sarmientos en las viñas. Hace años que no me agacho para hacer gavillas. Mirar agachado a la tierra purifica el espíritu y uno se siente bién si se olvida de los dolores.
Saludos a los que habeis heho gavillas y a los otros también.
Estamos en abril. Se acerca el día 25 que celebramos San Marcos. Estos días los muchachos de la escuela no íbamos por la tarde. Nos daban permiso para ir a merendar al cerro de la cruz. Antes pasábamos por la confitería de la calle nueva a comprar los hornazos. Si voy este año dónde puedo comprarlos?
Saludos a los que habeis hecho gavillas y a los otros también.
omates, pimientos, pepinos, ajos, cebollas, ¿ quién quilere más que me voy?
Por la calle un hortelano de Infantes con su mula y su carro va voceando la mercancía. He salido a la calle y algunas persianas se mueven. Hay mujeres que preguntan desde las ventanas.
- Hortelano, ¿ llevas zanahorias? Espera que ahora bajo.
Tres mujeres hacen cola junto al carro del infanteño y un matrimonio de Sabadell se acerca a ver la mercancía.
Saludos a todos.
Son las doce de la mañana de un domingo de abril. En la plaza hay corrillos de alcubilleros que han salido de misa. Varios mozos traen del almacén de materiales de Rosario cuatro postes y un saco de yeso. Los postes cuando acabe el partido de fútbol volverán a atravesar la plaza en sentido inverso hasta el almacén de materiales. En la era, mientras unos montan las porterías ( dos postes y una cuerda ), otros pintan las líneas con yeso y alguién unta sebo al balón de reglamento.
El partido de fútbol es contra el Pozo de la Serna. A las cuatro y media estamos muchos aficionados en la era esperando la llegada de los fútbolistas del equipo contrario.
Vienen, no vienen ...
Por fin, a las cinco y cinco de la tarde aparecen por la cuesta del cementerio tres ciclistas y detrás un grupo de otros cinco o seis. Son los futbolistas del FC Pozo de la Serna. Hubo que prestarles algún futbolista del pueblo para completar los once.
Con ayuda de un árbitro casero, el partido finalizó de la siguiente forma:
Alcubillas 3 ___ Pozo de la Serna 2
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Palabras con "b". Acostumbraba Don Jose Vicente Ventoso Ortiz para que practicásemos vocabulario a realizar ejercicios de palabras entre sus alumnos.
Es la tarde de un lunes de abril, hace sol y corre algo de vientecillo en el patio de la escuela. Digo esto porque desde las ventanas de la clase vemos moverse a los árboles.
Banco, borrico, bellota, boina, ballesta, bolillo, Barcelona, ... y al final de la clase junto a la pared, justo al lado de los abrigos, oimos "bikini"; ¿ cómo?
"bikini". El maestro se puso colorado. Fué hacia el alumno, ¡ pum,pum,pum,pum, ...!
El suceso tuvo su importancia. Eran otros años ...
No volvimos a hacer ejercicios de este tipo en clase de lengua.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
A las cinco de la tarde hemos salido de la escuela. Yo he merendado pan con aceite de oliva y un poco de azúcar. Es una tarde ventosa de abril y estamos con las bicicletas dando vueltas por las eras del barrio de la Tercia. Al final del último corralón un hombre de sesenta años se afana recogiendo botes de plastico, zapatillas viejas, cajas de cartón ... y en una pequeña lumbre incinera todos estos desperdicios para embellecer el entorno. Es su pequeña-gran aportación a la conservación del medio ambiente. Este hombre es uno de los barberos del pueblo. Tiene su establecimiento a 50 metros de la " esquina del árbol" y enfrente de una tienda de regalos.
Es pronto, sus clientes aún no han venido del campo y el barbero se entretiene pintando una madera que representa a la " Virgen del Rosario ". Hace fresco en la calle, los muchachos nos hemos sentado en un banco de madera que tiene junto al brasero a conversar con él.
En el brasero, casi apagado, hay un puchero pequeño y una lata de tomate con agua a calentar. Esta agua la utiliza el barbero para afeitar los cuellos y las barbas de los clientes.La barbería tiene la luz apagada y apenas se ve.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Estoy sentado en la mesa de mi cocina y comiendo. La televisión está encendida y sin voz. Una radio pequeña junto al vaso de agua emite " Clásicos Populares " de RNE. Fernando Argenta celebra hoy el 32 aniversario de su programa y recibe llamadas telefónicas felicitandolo.
En otra primavera, el sarmentaor oía también el programa en una radio pequeña negra de la marca Telefunken. La radio iba dentro de una media de mujer atada a la cintura.
Oír Clásicos Populares entre las cepas mirando a la sierra de Alhambra, proporcionaba una dimensión diferente de la que hoy siento sentado a la mesa de mi cocina. Mientras oía la música del programa veía también a lo lejos la iglesia de Cozar, Villanueva de los Infantes y algo más cerca las casas del Cerrillo.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
En el mes de abril se celebra el día del libro. En cataluña acostumbran a regalar un libro y una rosa. Recuerdo con cariño algunos libros que he leido ( El diario de Ana Frank, El amor en los tiempos del cólera, El quijote, Sefarard, Confieso que he vivido, La balada del abuelo palancas, Madame Bovary, La caverna ... )
Cuando el sarmentaor merendaba nocilla con pan antes de acercarse a la plaza a jugar a " los santos " apenas había libros en las casas. Un tendero que vendía pan y tenía horno en la casa, se levantaba de la silla junto a la estufa para atenderte y en la mano llevaba siempre una novela del oeste, de pistoleros.
Mi madre si había ido a Infantes a pagar la contribución, me traía un tebeo del capitán trueno o similar que había comprado en la misma estación de autobuses.
Un estudiante de arquitectura que vivía en la carretera leía en su puerta " La tía tula " y de vez en cuando levantaba la mirada para ver un coche pasar.
Donde siempre vi mucha lectura fue en la mesa de la clase de Don Jose Vicente. Su mujer, Doña Clotilde, sentada a la derecha del maestro, devoraba libros y libros mientras nosotros hacíamos divisiones de dos cifras o practicábamos problemas con la regla de tres.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Esta tarde me acerqué a un centro comercial a comprar provisiones alimenticias para toda la semana. Un carro grande me lleva por los pasillos y voy eligiendo la mercancía. Primero entro en el pasillo de la leche, zumos y lácteos. A la vuelta estan colocadas las bollerías, galletas y madalenas. En la pescadería he cogido número y en una pantalla aparece el turno que corresponde en color rojo. He cogido unas bandejas de carne, pollo y embutidos y ahora estoy echando al carro frutas y verduras. Solo me queda pasar por la caja y una empleada me saluda antes de cobrarme. Todo ha ido rápido.
Es sábado por la mañana. Estoy en una carnicería de la calle nueva al lado de una tienda de tejidos. He venido a comprar un cuarto de kilo de falda para hacer un guiso, medio kilo de hígado y unos trozos de sangre para freír y que con tomate me gustan mucho.
Delante de mí hay sólo cuatro mujeres y un hombre, pero no creo que me vaya antes de dos horas. El carnicero habla mucho, enciende un puro, lo apaga, comenta chascarrillos. En cuanto entra otra clienta deja la cuchilla de partir, la saluda y recuerda a toda su familia. A cada momento afila la cuchilla de partir y pasea una piedra redonda por el partidor, que es un tronco de árbol gordote. Cuando me va a tocar, suena el teléfono y el carnicero se va a la trastienda. Algunas mujeres protestan por la tardanza y lentitud del despacho de carne.
Yo quería acercarme a la era a ver un partido entre el barrio de la Tercia y los del Calvario. Se ha hecho tarde y no me dejan salir. Es la hora de la comida.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Estoy en pijama. Hace un rato he salido de la ducha. El agua estaba caliente y en el cuarto de baño hay botes de champú, de gel, de cremas para las manos, de cremas para el cuerpo, de colonias, desodorantes ..., esto parece la droguería de la calle nueva.
Todavía hay calles con zanjas abiertas en el pueblo. Están instalando el agua potable. En mi casa hemos puesto un grifo en el corral junto a las portadas.
En el pueblo estamos todos muy ilusionados y en las tiendas no se habla de otra cosa. Lo único malo del progreso es la reconversión de algunos oficios. Los aguadores son los directamente afectados y todavía no se ha inventado el paro.
Todavía no hay suministro y esta tarde quiero asearme y quitarme las " foligas " que he traido de la viña. Mi madre en la cocinilla ha puesto un cubo de agua a calentar encima de unas trébedes y ha encendido con hojas de periódico una gavilla.
En una palangana grande y metálica con el borde azul me estoy lavando una pierna. Cuando la tendo seca me lavo a manotazos el otro pié. He cambiado el agua y ahora de pié me lavo la cara, los brazos y las axilas.
¡ Me he quedado nuevo! Me voy a poner la ropa de los domingos.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Estos días recibo llamadas telefónicas ofreciendome un producto para purificar el agua que consumimos. Parece ser que son unos filtros que tengo que colocar en cada grifo y que según me dicen, neutralizan impurezas. No he hecho mucho caso, porque el precio que dicen que tiene el producto, me parece un atraco. Y los tiempos no están para hacer muchas tonterías.
En otro mes de abril, el Ayuntamiento de Alcubillas publica un bando informando del peligro que tienen ciertas aguas y pozos en el pueblo, recomendando no utilizarlas para consumo, por la mala calidad y posibles infecciones debido a microorganismos, bacterias y microbios.
Es la hora de la comida. La campana del reloj de la plaza ha tocado las dos. Una pareja de albañiles ( maestro y oficial ) van por la calle en dirección a sus domicilios. Están haciendo una habitación en la cuadra de la borrica de una familia que ahora vive en Yecla. El oficial se para a leer el bando que hay en la pared y el maestro a cinco o seis metros de distancia y a la sombra le espera en silencio.
Al terminar de leer el bando el oficial, el maestro le pregunta:
- ¿ Qué, dan dineros ?
Contesta el oficial.
- ¡ Que va ! ¡ pero si hay " micorbios " !
Se alejan juntos en dirección a la plaza y los muchachos cuando no nos oyen, repetimos entre nosotros:
- ¿ Qué, dan dineros ?
- ¡ Que va ! ¡ pero si hay " micorbios " !
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Yo suelo ir poco a los bares. En las poblaciones grandes, los bares de siempre han ascendido a la categoría de cafeterías. En las barras de muchas cafeterías se ven señoritas con zapatos de aguja, pulseras de oro en la muñecas y bonitos trajes de chaqueta y pantalón. La última cafetería en la que he entrado tiene cortinas en las ventanas, aire acondicionado, el suelo parece de mármol, la televisión es de pantalla plana, se pueden ver los partidos de pago, hay bombillas modernas y muy raras en el techo, y ...
Estoy sentado en la puerta del Ayuntamiento aún sin reformar. Algunas chicas jóvenes atraviesan la plaza y entran en la iglesia. Una de ellas lleva una guitarra y van a ensayar con el Sr. Cura. Son las chicas del coro de la parroquia.
A mi derecha en una mesa cuatro jubilados de avanzada edad juegan una partida de cartas. Es un juego raro que no entiendo. Tienen en la mesa unos garbanzos y dicen palabras como " envido " y otras cosas. Ha bajado las escaleras el encargado del bar de la plaza y les pregunta que si van a tomar algo. Parece que se va algo enfadado.
Hoy no tengo ninguna peseta en el bolsillo y no puedo comprar ninguna bolsa de pipas. Pero os prometo que el próximo domingo me tomaré un vermú y de aperitivo patatas picantes.
En una cocina con botella azul de camping gas, el encargado del bar de la plaza tiene dos cacerolas rojas con patatas a cocer. Es la especialidad de la casa. Aquí en esta barra hay días que los de la " corporación municipal " se invitan a una raciones de patatas picantes. Yo he visto a valdepeñeros y gente de Villanueva de los Infantes venir al pueblo a probar las patatas picantes.
Es algo bueno que tenemos en el pueblo y hay que estar orgullosos de que sea así.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Aquí donde vivo hay buenos colegios. Escuelas públicas que si los niños son aplicados y prescinden de la play-station y otras gaitas, pueden alcanzar cierto nivel educativo. Es muy típico de esta zona, a penas que la familia tenga cuatro euros ahorrados, llevar a los niños a los colegios de pago. Y así, los niños van con uniformes especiales y consiguen educación a costa del esfuerzo de sus progenitores.
La primera escuela de pago que recuerdo es la de Don Juan Ángel en el barrio del Calvario. Esta academia estaba situada a 80 metros antes de la ermita según uno va caminando desde la plaza por la acera de la derecha.
Yo sólo asistí varias semanas en los meses de verano de un año. Tendría cinco o seis años y había que llevar la silla de casa. A los pequeños nos repartían debajo de la higuera en el patio y siempre siguiendo la sombra. Pero la labor educativa mayor de Don Juan Ángel estuvo con los jóvenes. Estos alumnos después de dejar las mulas en la cuadra o la bicicleta si eran " sarmentaores ", ocupaban la academia durante dos horas cada noche.
En numerosos casos estos conocimientos adquiridos sirvieron para aprobar el éxamen de ingreso a " los palos ". (C.T.N.E.)
Don Juan Ángel, al terminar cada día la clase, se dirigía a la pizarra y al mapa de España y con un puntero en la mano hacía cantar lo siguiente: La tabla de multiplicar al completo y España limita al norte con el mar Cantabrico y los montes Pirineos. Al oeste con Portugal ...
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Al final de la calle del estanco y la librería está el servicio de correos. Siempre hay en la puerta varias motos para la entrega rápida y el reparto por los polígonos industriales. Ahora los carteros llevan unos carros de color amarillo para aminorar el peso de la correspondencia. Son normas de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Si os fijáis en las cartas que reparten, casi todas son de bancos y publicidad. En el interior seis funcionarios atienden la facturación, entrega de paquetes y los certificados.
Es la una y cinco del mediodía. Estamos saliendo los muchachos de la escuela y como taponamos la puerta del patio, la cartera está esperando para poder entrar y entregar unas cartas en el colegio. Son cartas que vienen de Ciudad Real y hay para algunos maestros. Le ha entregado una carta a Doña Celia, Doña Juana, Doña Pilar, Don Enrique y cuatro cartas y el Lanza a Don José Vicente.
Al llegar a mi casa en busca de la comida, una vecina que su hijo ha terminado el servicio militar y no le gusta mucho el campo, dice que el jueves viene la carta. Esta carta es para colocarse en una empresa ubicada en Valencia. La carta al final llegó. Pero no fue el jueves, pasaron seis o siete meses.
Me dice un amigo que ha visto en la revista Pronto que venden un "boliradio". Escribir y oir la radio por auriculares al mismo tiempo. Lo pedimos por correo y una tarde nos acercamos a la oficina del cartero, que está al lado de la ermita del Calvario, para recoger el contra rembolso.
El "boliradio" tiene varios cables. Uno de ellos lo engancho a los muelles del sofá cama del comedor y otro cable de dos o tres metros lo dejo tirado por el suelo. Este hace de antena. Después de muchos intentos, sólo oigo unas pedorretas y mucho ruido. ¡El "boliradio" no acaba de funcionar!
Se lo comento a la señorita de la oficina de correos y decidimos devolverlo a la casa que está en Manresa.
Están pasando los días y creo que he perdido las 150 pesetas que me costó.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Veo llover a través de la ventana. La gente pasa con sus paraguas y van o vienen de comprar el pan y el periódico. He salido de casa, sigue lloviendo.
Me desplazo a hacer unas compras y veo charcos por cualquier parte. Estoy viajando en mi coche y enseguida quedo refugiado en el centro comercial. No me he mojado.
Hemos ido por el camino de Cozar a una viña a traer un viaje de gavillas. El suelo está algo húmedo. La Cabeza del Buey está tapada con muchas nubes. Cuando quiera llover estaremos con las gavillas en el corral.
El remolque está casi cargado. Quedan cuarenta y tres gavillas en el suelo. Ha empezado a llover fuerte. Como queda poco seguimos. Nos ponemos las capuchas y los "capotajos". En el suelo se van formando charcos. El remolque va por el carril y por eso no atasca.
Yo que soy el que va por el suelo llevo las botas con cuatro kilos de barro en cada pie. Estoy además empapado. Mi padre me anima y yo casi no puedo andar, me resbalan las botas.
Las casas del pueblo no se ven, está lloviendo fuerte. Las gavillas del remolque están chorreando.
Cuando lleguemos al corral, dejaremos el remolque sin descargar y en la cocinilla encenderemos dos gavillas secas y nos mudaremos de ropa.
¡El agua es una bendición!
Este año hay buenas siembras. En San Isidro estaremos todos muy contentos.
Saludos a todos y en especial a los que os habéis mojado haciendo gavillas en el campo.
Acabo de repostar gasolina sin plomo de 95 octanos. Dentro de la tienda hay una zona especializada en material para la caza. Si alguno de vosotros sois cazadores aquí podéis encontrar chalecos, botas, gorras, cananas,...
Miguel Delibes ha sido muy aficionado a la caza. El escritor ha disfrutado persiguiendo una perdiz roja y la perdiz roja le ha inspirado en numerosas ocasiones para desarrollar su obra literaria.
Nunca me canso de ver la película " los santos inocentes ".
Es viernes por la tarde. El guarda mayor de la caza que vigila el coto está hablando con mi padre en el patio. El sábado y domingo estamos avisados para ir de cacería.
Son las siete y media de la mañana del sábado. Veinte o veinticinco ojeadores estamos en la plazoleta de la calle Agua, donde nace la calle de la Tercia. Como hace frío, la mayoría damos botes para calentar los pies y al hablar nos sale humo por la boca. Hay varios cochazos de gama alta en la plazoleta y algunos ojeadores veteranos, de los que luego llevan las banderas blancas, entran al portal de los "señores" y el guarda mayor les invita a mantecados y una copita de anís del mono.
Vamos de pié en el remolque camino de jaragorda. Adelantamos a un carro con una borrica blanca. En el remolque muchos van dando golpes con los garrotes y las varas como en una danza tribal.
El guarda mayor nos ha repartido a los ojeadores y una señal de dos tiros al aire desde las postas nos avisa del inicio del ojeo. Andamos despacio y cantando palabras como: ¡ fuera ! ¡ ay la perdigacha ! ¡ fuera, fuera !
Cuando algún ojeador se retrasa, el guarda mayor se enfada y grita mucho. Tiene la voz más fuerte que un camión. Se le oye en todo el campo.
Al terminar el segundo ojeo estamos en los origones. Los señores almuerzan en plato migas manchegas, chorizos fritos, queso de la tierra y jamón. Y para beber vino de la cooperativa del pueblo.
El guarda mayor, ahora de mejor humor, nos trae una bandeja de magdalenas de la confitería de la calle nueva a los ojeadores. Es un desastre. Tanta afición ponemos a las magdalenas que algunas se rompen y caen al suelo.
El guarda mayor de nuevo endurece la voz y grita: ¡Vamos! ¡Venga muchachos! ¡Qué pelotas tenéis!
El tercer ojeo es por las cordilleras y los ojeadores...
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
He pasado delante de un cine de barrio que está cerrado. Las puertas están forradas con carteles que anuncian cursos de informática, cursos de inglés y conciertos de grupos de música moderna que no conozco. Un chico y una chica vestidos con ropas negras, tachuelas, clavos y el pelo de color rojo, están sentados en el suelo y en un plato dan de beber leche a un gato.
El apartamento, Plácido, El viaje a ninguna parte, Calle Mayor, Amadeus, My fair lady, La vida es bella o Annie Hall de Woody Allen son algunas de las películas que han dejado huella en mí.
El primer año de parvulitos estuve con Doña Lucrecia y el siguiente con Doña Mari Luz. Esta maestra es la mujer de un profesor del P.P.O. Promoción Profesional Obrera. Viven de pensión con unas señoras que se encargan de la central de teléfonos.
Ya sé leer y cuando me fijo en el rótulo del cine de arriba me desoriento. En letras de madera de color rojo sobre la pared leo constantemente CINEMA y a mí me sobran dos letras en el rótulo. Tengo un conflicto entre lo que aprendo en parvulitos y el rótulo del cine. Pienso que es un despiste de los que han colocado las letras.
En el cine de abajo ponen películas sobretodo de Marisol, Rocío Dúrcal y muchas de Sara Montiel, que suelen ser para mayores de 18 años porque enseña mucho las piernas y va ligerita de ropa. Los novios del pueblo frecuentan más este cine y se sientan en las filas de la parte de atrás.
Los muchachos vamos más al cine de arriba. Aquí nos ponen películas de Joselito, de romanos y bastantes del oeste, de pistoleros.
El cine cuesta tres pesetas y como traemos de casa un duro, con lo que sobra nos compramos una gaseosa pequeña de la marca el zorro. Hay días que compramos pipas y cuando termina el cine, el suelo queda tapado por una capa a la manera de una parva de las eras.
A un metro delante de la primera fila se sienta en una silla de ruedas un minusválido de la guerra civil española que vive en el barrio de la Tercia.
Cuando al final de la película viene "el valiente" a por los indios los muchachos nos levantamos de las sillas, saltamos y gritamos. Ahora interviene el señor de la silla de ruedas. Da una voz fuerte y todos los muchachos nos callamos y nos quedamos quietos.
¡ Qué película más buena !
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Hoy he estado en el banco para hacer un pequeño ingreso y a que me actualizaran la cartilla del plazo fijo. El mostrador donde atiende la chica estaba tapado con un plastico grande y fino. Dos pintores correctamente uniformados de blanco estaban repasando el gotéele de la pared. Me fijé en una de las gorras de los pintores y tenía marcado el nombre de un almacén moderno especializado en productos para el bricolaje. En estos almacenes uno puede comprar una brocha fina, un bote de cualquier clase de pintura, una sierra eléctrica, una bañera de hidromasaje,...
He entrado con mi madre en una tienda de tejidos que hay en la calle nueva al lado de una carnicería. Una chica de mi clase está con su madre comprando un juego de sábanas y unas toallas de color. Nosotros hemos comprado tela para hacer unas cortinas y seis juegos de ropa interior, de color azul, de la marca abanderado.
La señora del vendedor de la tienda de tejidos se queda atendiendo a mi compañera de colegio y su madre.
Salimos de la tienda con el vendedor y entramos en un local anexo donde guarda sacos de pienso compuesto para los gorrinos, muebles y material de decoración para la casa como láminas de plástico y rollos de papel pintado. Nos va enseñando para que mi madre elija el color y el dibujo.
Estamos en el portal de mi casa. El vendedor nos muestra cómo se colocan unas láminas de plástico para el zócalo y la manera de empapelar las paredes. No parece difícil.
Ya se ha ido el vendedor. Han venido a buscarlo para hacer un viaje a Toledo. El hombre también hace de taxista.
Estamos acabando de empapelar el portal.
¡ Está quedando de maravilla !
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Voy viajando en un tren de cercanías. En el tren vamos muchos viajeros, unos sentados y otros de pié. A mi lado una pareja de recién casados hablan por el teléfono móvil. De vez en cuando se dan un beso y se acarician. La chica ha sacado del bolso unos billetes de avión.
Llevan dos maletas grandes con ruedas, una bolsa de deporte y el bolso pequeño de la chica donde ahora ha guardado los billetes de avión.
Según la conversación que oigo, el destino de estas maletas para los próximos días es Punta Cana.
Estoy dando vueltas por las calles del pueblo subido en mi bicicleta de la marca BH. La bicicleta tiene una aguadera de goma negra sujeta al porta equipajes en el lado derecho.
Según paso por las casas imagino maletas que salen de las puertas y se dirigen con sus dueños a vivir a otras provincias dentro de España o vete tú a saber.
Bajo despacio frenando desde la ermita de San Antón y veo maletas en las puertas que se dirigen a la provincia de Barcelona, más abajo algunas maletas van a Madrid. De la farmacia veo salir maletas hacia Granada. Como pasan pocos coches, decido ir por la carretera y los destinos de las maletas son Madrid, Barcelona, Valencia, Albacete y las islas Canarias. En el barrio del Calvario veo maletas para Madrid, Barcelona, Valencia, Toledo, islas Baleares, alguna se dirige a la provincia de Murcia y también a Francia. En la calle nueva y aledaños leo como destinos Madrid, Barcelona, Albacete, Valencia, Zaragoza, La Coruña, Granada, Sevilla, Córdoba y Cádiz.
He descansado un rato en la lonja de la plaza mirando a las cigüeñas de la torre y continúo por la calle del Rio y proximidades del cine de abajo. Aquí veo en las puertas maletas para Barcelona, Madrid, Valencia y Albacete. Voy camino del jardín por el barrio de la Tercia y las maletas se van de viaje a Madrid, Barcelona, Valencia, Toledo, Cuenca, Asturias, Lugo, islas Baleares, Alicante y Murcia.
Soy consciente de que hay algunos fallos. Pero cuando he pasado con la bicicleta por vuestras puertas, algunas maletas no tenían puesto el cartoncillo con el destino y yo no soy adivino.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Ese local comercial donde se jugaba a los futbolines, máquinas tragaperras y similares, hace varios años que cerró. Durante un tiempo la entrada aparecía abandonada, cristales rotos, suciedad,...
El local comercial ahora es una mezquita de barrio. La limpieza, el orden y rótulos nuevos con palabras árabes son la nueva imagen del local. En el interior hay muchas alfombras y según se entra a la derecha se amontonan varias decenas de zapatillas que han dejado, mientras rezan de rodillas y agachados, los seguidores de Mahoma.
El reloj de la plaza del pueblo ha dado las diez de la noche. La iglesia está abierta y pequeños grupos de alcubilleros se refugian a la entrada.
El bar de la plaza tiene la luz encendida. He entrado y en la barra veo a ocho personas bebiendo chatos de vino y vermús. Un primo mío que trabaja en " los palos " me ofrece una patata picante y me invita a un "puñao" de panchitos.
El grupo de personas que hay en la puerta de la iglesia es más numeroso. Se dirigen hacia la ermita del Calvario y yo voy detrás de ellos como en procesión.
Varias señoras llevan unos papeles con la letra de unas canciones en la mano. Un señor, vecino del barbero ecologista, porta una bandurria y a pocos metros de la confitería de la calle nueva, un hombre ha sacado de su casa una guitarra y se dirige a la busca del grupo coral camino del Calvario.
Delante de la ermita está ardiendo una luminaria de gavillas mezcladas con cepas de viña y algún troncón de oliva.
Estamos en silencio y el párroco del pueblo ha comenzado unas oraciones que las mujeres repiten y los hombres para acompañar mueven un poco los labios.
Han empezado a cantar "los mayos" el grupo coral acompañados de la bandurria y la guitarra.
Ahora somos mas las personas que rodeamos la lumbre. Al terminar de cantar nos acercamos a una mesa donde hay de todo. Yo he cogido unos "cortaillos" con azúcar que están fenomenal.
¡Nos hemos puesto las botas!
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Yo nunca voy a los toros. Me gusta la estética de ver una manada pastando en un prado cerca de un río. En Castilla la Mancha televisión pasan un documental los lunes sobre ganaderías que es de gran interés para los aficionados a la fiesta. Y a los profanos, por los paisajes que aparecen y la calidad del locutor que acompaña a la imágenes.
En estas próximas fiestas de San Isidro 2008 hay festejos que han agotado las entradas. Y si alguno de vosotros se empeña en ir lo tendrá harto difícil.
Estamos comiendo a la sombra de una oliva en una viña que tenemos en el camino del medio. En una fuente hemos echado tomates partidos, dos huevos duros, pimientos verdes, aceitunas, una lata de atún, cebollas, aceite, ajos, sal y un poco de agua. De segundo hemos tomado unos trozos de queso en aceite. Este queso se lo hemos comprado a un arriero de la Puebla del Príncipe que va por las casas vendiendo. Y de postre unas manzanas pequeñas, compradas en la frutería que hay cerca de la casa del cura.
Hemos comido bien y ahora estamos un rato haciendo la siesta a la sombra de la oliva. Tenemos un vecino de viña que no se echa a la siesta. Hace mucho calor a estas horas pero él sigue con el azadón abriendo las cepas. Nos levantamos de la siesta y continuamos con la faena. Nuestro vecino está aparejando la mula al carro y acaba de salir casi al trote en dirección al pueblo. Queda aún mucha tarde y el sol está muy alto. Por el camino de la cuesta de Valdepeñas va otra mula y otro carro con prisa buscando el pueblo. Detrás un tractor dándole alcance y un jornalero en bicicleta. Apenas queda nadie en estas viñas del camino del medio.
Ahora están todos juntos viendo la corrida de toros en el salón de la sindical. Esta tarde torea "el cordobés" y somos pocos los que seguimos trabajando en las viñas.
¡El cordobés ha cortado dos orejas y un rabo!
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
En la tienda de fotografía hay mucha gente esperando. Algunas madres con sus niños están en la acera mirando el escaparate. Hay recordatorios de muchas clases, colores y figuras. En el interior de la tienda dos señoras están trabajando, una detrás del mostrador atiende la caja y la más joven en un cuarto anexo hace las fotografías a los niños y niñas con sus trajes de comunión.
A la salida del colegio varias madres hablan casi discutiendo de las flores para la iglesia. Parece que no se ponen de acuerdo en la cantidad...
Ayer fuimos a confesarnos a la iglesia del pueblo los muchachos y muchachas que mañana hacemos la primera comunión. He pasado todo el día preocupado por si tenía malos pensamientos o decía alguna palabrota a algún niño si me molestaba en la escuela.
Ahora en la cama pienso en la mañana que ha de llegar. Casi no duermo y doy muchas vueltas.
Son las nueve de la mañana. Estoy desayunando leche con cola cao y dos magdalenas que mi madre ha hecho en el horno de la panadería. En el sofá cama del comedor hay un hábito blanco y una prenda de interior parecida a una falda de tela muy fina. Mi traje de primera comunión es un hábito de fraile. No me quejo. Estos años uno no se queja mucho de las cosas materiales. Uno se adapta a la situación. Pero he oído que otros niños van a ir vestidos de marinero o almirante.
En el patio de la escuela las maestras nos colocan en filas de a dos. Hay catorce niñas vestidas de blanco, parecen monjas o novias de corta edad. Los niños somos once. Seis niños vamos vestidos de frailes y cinco llevan pantalones blancos o azules. Son los marineros y almirantes.
A la vuelta de la iglesia, en el comedor de la escuela que está debajo de la clase de Don José Vicente, nos espera un convite que consiste en un vaso de chocolate, cinco churros finitos, dos magdalenas pequeñas y cuatro galletas de tamaño reducido. Todos estos gastos creo que los ha pagado el ayuntamiento del pueblo. Desde aquí le doy las gracias. Mando un beso a nuestras madres y a las maestras que han organizado la fiesta.
Os enseñaría una fotografía de mi primera comunión, pero el fotógrafo hizo novillos. Disculparme.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Veo a través de estas ventanas el cielo gris. El sol que brillaba por la mañana se ha escondido y las sombras han desaparecido. El aire lleva toda la tarde trabajando y aunque estamos en el mes de mayo la gente comenta que está la tarde fresca.
Estoy viendo en la calle algunos paragüas abiertos. Ahora he oído rugir al cielo. La nube se acerca. Ha empezado a llover fuerte. Otra vez se escuchan truenos, ahora mas cerca. Relámpagos y truenos. Truenos y relámpagos.
Aquí en la mesa, atiendo el teléfono, oigo música clásica,...
Hace cuatro meses que he cumplido los diez años. He terminado satisfactoriamente el quinto curso de Educación General Básica con una maestra que viene cada mañana desde Valdepeñas en un Seat 850 de color amarillo. Mi maestra se llama Doña Celia y este año hemos aprendido a tocar la flauta dulce y a bailar jotas manchegas. La jota manchega que más ensayamos dice así: Venimos de vendimiar, de la viña de mi abuelo, y no nos quieren pagar, porque hemos roto el puchero,...
Hoy he almorzado un pisto de calabaza con unos tomates que mi madre ha comprado a un hortelano de Villanueva de los Infantes. Después he cogido mi bicicleta BH, una botella de cristal vacía de anís del mono que he llenado de agua y con una herramienta de las que se usan en las eras, me he venido al camino de la Solana. Esta tierra tiene dos fanegas y acaba de segarla una cosechadora de color verde. El dueño de la cosechadora vive en la carretera cerca de la cooperativa del pan.
Estoy recogiendo la paja y haciendo montones. En el cielo hay nubes negras como de tormenta. Un poco más lejos veo relámpagos. Da un trueno tremendo y se pone a llover. La bicicleta está en el camino. Salgo corriendo a buscarla y llueve a mares. Estoy empapado pero eso no me importa. Voy andando con la bicicleta por el camino. Los relámpagos están encima de mí. No hay nada para refugiarme. Me acuerdo de mi gente y de la Virgen del Rosario. Siguen los truenos y relámpagos encima de mi cabeza. El miedo que tengo ahora es pánico y creo que estoy llorando.
¡Si salgo de esto, el domingo en la misa echo un duro en la canastilla!
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
El reloj que llevo puesto en mi mano izquierda es de la marca Casio.
El dependiente de la joyería está atendiendo a una señorita muy bien vestida que tiene dos maletines de color negro. En los maletines hay diversas joyas y sobre todo relojes. Hablan del tirón del mes de mayo. Al parecer este es el mes en el que se compran y se regalan mas relojes.
En mi trabajo tenemos un reloj conectado a una antena en el tejado. Según dicen, la antena recibe impulsos vía satélite. Aquí nadie le da cuerda. Nadie lo pone en hora y siempre coincide con los pitos de Radio Nacional. A esto le llaman tecnología de última generación y ...
La palabra reloj evoca en mí dos imágenes únicas.
Aún no me han comprado mi primer reloj y practico para aprender las horas con un reloj de bolsillo que tiene mi padre en un chaleco de pana. Ya me voy manejando y ahora mismo el reloj del chaleco de pana marca las doce y cuarto de la mañana.
Los pantalones que uso son normalmente cortos y en las rodillas, de jugar a "los santos" me aparece una costra de roña que mi madre me quita frotando con un estropajo en la palangana.
El otro reloj de mi vida es el de la torre de la iglesia en la plaza del pueblo. Como no todo el mundo tiene reloj, las ordenes que da en forma de toques, dirigen la actividad de todos nosotros. Cuando suena el reloj los muchachos entramos en la escuela, la fragua vuelve a funcionar, los albañiles picotean la pared, el taller de carpintería abre la puerta, el ...
Un albañil joven vestido con un mono azul está comiendo un plato de judías en su casa. El postre para no hacer tarde se lo come a bocados en la calle y va andando en dirección a la iglesia. El reloj de la torre se atrasa diez minutos cada día y hay que darle cuerda para que no se pare. Me deja que lo acompañe y voy detrás de él por unas escaleras de caracol hechas de piedra. Un poco más arriba hay unas escaleras de madera que se mueven mucho y yo le espero hasta que ha bajado de dar cuerda al reloj. En el suelo hay muchos excrementos de paloma y las palomas no paran de ir de aquí para allá revoloteando.
El albañil ha cerrado la puerta de la iglesia y se va deprisa a una obra que está haciendo por el barrio de la Tercia. El reloj marca las tres en punto.
Este hombre que da cuerda al reloj cada día, tiene mucha mano en asuntos de iglesia. Un poco mas allá de camino a la obra lo saluda en la puerta de su casa un monaguillo veterano...
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
En las noticias de Radio Nacional acaban de decir que han ocurrido dos accidentes graves de tráfico. Un camión voluminoso y pesado ha arrollado a varios vehículos y dos palmeras en la isla de Tenerife. En Huelva dos coches han colisionado frontalmente y las consecuencias en ambos casos han sido terribles.
El fin de semana pasado, según leo en El País, hubo en las carreteras españolas...
Voluntariamente, algunos niños de tercero de EGB, hoy no hemos salido al patio en el recreo. Hemos estado jugando con unos rompecabezas que nos ha traído nuestro maestro de su casa y nos ha hecho algunos trucos de magia. ¡Es muy bueno! Con un pañuelo y teniendo los brazos arremangados, hace desaparecer monedas y objetos pequeños. Después sopla, dice palabras mágicas y aparecen los objetos en su mano. Los niños nos quedamos con la boca abierta. Nuestro maestro se llama Don Enrique, tiene un Seat 600 blanco y vive en Villanueva de los Infantes en una casa señorial que hay enfrente del bar de "la pampana".
Ha terminado el recreo y los niños estamos haciendo unos ejercicios de matemáticas. Son sumas y restas. Solo estamos niños porque la coeducación empezará el próximo curso cuando hagamos cuarto de EGB y estemos con Don José Vicente.
El patio de la escuela está vacío, no hay ningún niño. Varios maestros están reunidos debajo de un árbol gordo que tiene pintado el tronco de blanco.
Han llamado a Don Enrique y se une a ellos.
En la clase entran varios maestros con el gesto serio. Aún queda hora y media para la una del medio día. Un alumno que se sienta en una mesa junto a la pared ha recogido sus cosas en la cartera y sale de la mano de una maestra al patio. Este alumno los próximos días trae un triangulo negro en uno de los picos de su camisa. Su madre acaba de dar a luz y ha fallecido en el parto. Esta pena que tenemos todos nos ha llegado cuando tenemos pocos años.
Cada vez que paso por el final de la calle del Río, me acuerdo de esa mañana y se me humedecen los ojos.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Dos niñas a la salida del colegio bailan moviendo las manos y dicen: 1-El Breikindance. 2-El Crusaito. 3-El Mikel Jason. 4-El Robocop. La música les llega de un pequeño artilugio llamado MP3. Otra niña lo escucha en un teléfono móvil que le ha comprado su madre y ahora bailan las tres. En un banco del parque hay una pandilla de chicos y chicas fumando. Dos de los chicos ganseando cantan una canción que dice: El baile del pío, pío. El baile del pío, pío. Y los cinco se parten de risa. Parece que les hace gracia este baile que creo haber visto en un canal de televisión.
A la vez que escribo, oigo en Radio Clásica música de Saint Saëns y Federico Chopin.
Estoy paseando por la acera norte de la carretera del pueblo. Voy mirando a las hojas de los árboles para dar comida a los gusanos de seda. Un chico joven que trabaja en Sabadell ha sacado un tocadiscos a la calle y ha puesto discos de moda: Acalorado, Rosana, Un rayo del sol, Cuéntame, Cenicienta, Eva María, Vacaciones de verano,...
El domingo pasado hubo boda en el cine de arriba. Yo no estaba invitado, pero por la tarde he entrado al baile. Debajo de la pantalla del cine hay un mostrador y reparten durante el baile botellines de cerveza, fantas de limón, de naranja y coca colas. Una prima mía que está en la boda invitada, me ha traído una fanta de naranja y como yo no soy de la boda, me la bebo un poco a escondidas, sin que me vean los padres de la novia.
Lo mejor del baile es el conjunto de música. Está compuesto de tres músicos. Uno toca la batería, otro un acordeón y el tercero el saxofón y el micrófono. Este grupo musical lo contratan en casi todas las bodas y son del pueblo vecino de Cózar. Los músicos tienen algo más de cincuenta años cada uno y tocan música muy animada: La Yenca. Se va el caimán. La bamba. Jotas,...
Hemos ido a la casa de un amigo y al entrar en el pasillo vemos un mueble que parece un piano. De una habitación sale música de una zarzuela (La verbena de la paloma). Algunos muchachos se ríen porque les parece rara esta música. Ninguno de nosotros tiene tocadiscos en casa. A esta casa viene mucha gente a comprar medicinas, con las recetas que da el médico.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
El instituto de educación secundaria que hay al lado de la piscina municipal, es un edificio de nueva construcción y aunque funcional, tiene un diseño arquitectónico de cierta relevancia. En el verano pasado aparecieron algunas pintadas en los muros exteriores y hoy día es vomitivo mirar, si uno tiene un poco de sensibilidad medioambiental. Todo él está cubierto de pintadas y graffitis, y aunque se eliminan periódicamente, enseguida vuelven a aparecer.
Vengo de comprar media arroba de vino en la cooperativa Nuestra Señora del Rosario y el bodeguero que me ha atendido acaba de almorzar unas sardinas asadas en brasas de gavilla, y para beber un vaso pequeño de vino. Este hombre, para acudir a su centro de trabajo, no utiliza ningún medio de transporte. Su casa es la primera del barrio del Cerrillo, según se sube por el camino desde la cooperativa.
De regreso, uno atraviesa la carretera y hay un local comercial de ladrillo en construcción y en la pared veo una pintada que dice: VIVAN LOS QUINTOS.
En la pared del ayuntamiento que da a la calle nueva, junto a la casa parroquial, podéis ver un diminuto corazón pintado en azul. A la entrada de las escuelas por la puerta principal, estos días hay una pintada con las primeras letras del abecedario (a,b,c y d) y una pequeña suma con los números cuatro y tres, igual a siete.
Cerca de mi casa vive una familia numerosa con varias hermanas solteras. Cada año los quintos, cuando hacen la ronda por las calles del pueblo, dejan pintadas dos macetas en su fachada. A primera hora de la mañana, salen las hermanas con la espátula en la mano y un cubo de cal, y restablecen en breve tiempo la normalidad en la pared.
En las casas donde habitan mocitas o chicas jóvenes, es mala señal levantarse, salir a la calle y ver que en la fachada los quintos no te han dejado un ramo o maceta pintada. Aquí en estos casos, el graffiti es de agradecer. Y las madres de las chicas jóvenes que han recibido pintadas de macetas en su fachada, hablan con las vecinas con un discreto orgullo por lo que esto puede representar.
¡ Vivan los quintos de este año !
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Ahora mismo mientras os hablo, pasan dos señoras delante de mí. Llevan unas bolsas de plástico grandes y gordas con dibujos de triángulos en color verde. Vienen del centro comercial de adquirir prendas para esta primavera.
Yo mismo, hace bien poco he estado en parecido lugar para poder asistir a la boda de una paisana nuestra.
También tengo yo bolsas de plástico con triángulos verdes y ...
Acabo de cumplir los diez años. Una señora de luto que vive en Madrid con una de sus hijas, ha traído a mi casa ropa en buen estado. Son abrigos y pantalones para que los usemos en las faenas del campo. El precio no es elevado. Mi madre se lo está pensando y como la señora es algo familia, se va a quedar con un abrigo que luego nosotros lo hemos usado para echarnos a la siesta en el campo o tapar la cuba del agua.
Ha parado un coche blanco en la puerta de mi casa. Un vendedor vestido con traje y corbata se acerca y llama. Trae varios jerséis y camisas para que elija mi madre. Mi madre le comenta algo al señor de la corbata, que vive en Villanueva de los Infantes, y dice que ahora se llevan las camisas con los cuellos así. ¡Que es la moda! Y que todo lo que reciben de Madrid en la tienda, trae ese colorido.
Le entrega mi madre cien pesetas a cuenta y en un bloc pequeño anota la cantidad.
El hombre del traje y la corbata tiene las manos muy blancas. Y según oigo trabaja por las noches en una fábrica de harinas. El negocio de la moda, tiene que irle muy bién, porque dicen los hombres que ha comprado una tierra y ha puesto una viña nueva de tres o cuatro mil cepas, por el camino de Valdepeñas.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Una carta del banco me anima a hacer una imposición de tres mil euros durante un año y me regalan una vajilla de cuarenta y dos piezas. En la fotografía que acompaña la carta se ven bonitos platos hondos, llanos, de postre, fuentes,...
Cada vez que paseo entre las estanterías del centro comercial, dedico un tiempo a observar las tazas, copas, vasos, bandejas,... y otros utensilios de cocina.
En la carretera, varios hombres conversan, discuten y hacen tiempo, esperando el autobús que viene de Madrid, para ver quien se baja. Uno de ellos, con aire gracioso, dice que su mujer tiene muchos vasos y platos en el aparador del comedor, pero que todos los días comen en un "canuto".
Estoy sentado en mi cocinilla mirando a la lumbre. En una sartén de tres patas se está preparando un guiso de arroz con pollo. En la alacena de la pared hay varias fuentes y tres pucheros. El puchero de tamaño mediano lo usa mi madre para poner el cocido cada domingo. Tiene un pequeño orificio en la parte de abajo, es muy diminuto. Queda un rato para la comida y aprovecho para llevarlo al taller de reparaciones de estos enseres, que está al final de la calle de las Cruces.
En la esquina de la calle Tercia con la calle del taller, un minusválido de la guerra civil española está comiendo, en un plato de barro, una sopa con trozos de pan y en un cuenco tiene unas cuantas aceitunas.
A la mitad de la calle de las Cruces, un joven entrega una carta certificada en una casa. Este joven estudia interno en un colegio de frailes en Almagro. Con el paso de los años, el joven ahora es un erudito en filología española, entre otros saberes, y habita en la Comunidad de Valencia.
Abro la puerta del taller de reparaciones y me pregunta el señor que de quién soy. Me dice que somos parientes. Le comento, que dice mi madre que no tarde en arreglar el puchero, porque es el que usa para el cocido del domingo. El hombre del taller está echando estaño a una cacerola grande y me dice que me pase mañana por la tarde a recogerlo.
El arroz con pollo está listo para comer y mi estómago hace algo de ruido.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
En los últimos dos años he jugado una sola vez a las quinielas. He ido a cobrar, de encargo, el reintegro de un décimo de lotería y para hacer gasto, he rellenado una quiniela. Hay varios artilugios de plástico donde uno mismo puede servirse. Un señor con el brazo izquierdo escayolado ha sacado del expendedor un taco de diez o doce quinielas. La dependienta de la administración, que es bellísima, está protegida por un cristal gordo para su seguridad. Un chico joven que parece extranjero y está vestido con ropa de repartidor de botellas de butano, ha cogido otro taco de seis o siete quinielas.
¿ Usarán todos los boletos ?
En la casa del cura están de obras. Hay un montón grande de arena de río en la esquina y varios muchachos están haciendo cuevas y covachas con las manos. Un chico revoltoso que su padre es oriundo de Andalucía ha pisado las cuevas, ya terminadas, en el montón de arena y de momento se ha organizado una pelea entre él y los constructores. Dos albañiles que están blanqueando en el patio de la casa, han salido al oír el follón que se ha organizado. A uno de los albañiles que vive en la travesía del Calvario, cerca de la ermita, con el paso de los años le ha salido un hijo especialista en páginas y programas de informática para ordenador.
En el montón de arena reina ahora la paz y yo continúo cincuenta metros calle nueva arriba hasta el bar donde se recogen las quinielas. Este bar es típico por sus raciones de champiñones y gambas a la plancha. La mujer del encargado atiende la cocina y se asoma por una ventana diminuta. Acaba de servir dos cañas de cerveza y ha puesto de aperitivo unos trozos de morcilla muy calientes. Me mira el encargado del bar y yo le pido dos boletos. Me pregunta que para quién son las dos quinielas y le digo que para mi casa. Me dice que solo puede darme una. Y salgo a la calle con mi quiniela en la mano.
Al Madrid - Barcelona le hemos puesto una equis.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
En el telediario de las tres de la tarde ha salido una ciudad de Cataluña con las calles atascadas de bolsas de basura. Todos los contenedores llenos a rebosar y las aceras intransitables. Los trabajadores de la empresa de recogida de basuras están en huelga para negociar su convenio colectivo.
En casa tenemos un cubo de basura para los restos orgánicos. Aparte ponemos los plásticos y cartones de la leche y zumos. En una caja voy juntando periódicos y papeles. Las botellas de cristal las llevo directas al contenedor de los vidrios.
En el basurero del corral tenemos ocho gallinas ponedoras. Hay una de color blanco y las demás tienen las plumas de color marrón rojizo. Mi madre nunca compra huevos cuando va a la tienda y en casa comemos muchas tortillas y huevos fritos o cocidos para las merenderas cuando estamos en el campo. Los restos de comida van a parar al basurero. Si tiramos cáscaras de naranja o mondaduras de patata, enseguida las gallinas las hacen desaparecer. Hay veces que si me pongo en cuclillas para evacuar los intestinos, agarro una vara de oliva porque las gallinas se me acercan por detrás y empiezan a picotear a mi alrededor. Los restos de las sardinas no van a parar al basurero porque tenemos una gata blanca con pintas negras que se los come.
Para cuando pase por mi puerta el servicio de recogida de basuras, mi madre tiene una pequeña bolsa de plástico con algo de tierra de haber barrido el patio y dos bombillas que se han fundido. Una bombilla es la del corral y la otra la de la cámara donde guardamos la cebada.
El servicio de recogida de basuras, lo presta un señor que vive en un patio de vecinos que hay en la plazoleta de la Tercia. El hombre se ayuda de un remolque pequeño de color verde y de una mula. Cuando pasa por la calle lo sabemos con antelación. Este señor ha sido pregonero, anunciaba acontecimientos por las esquinas, y está acostumbrado a hablar alto.
Hace media hora, he visto la mula y el remolque parado debajo de la lonja de la plaza, donde nace la calle del Río. Está saludando a una señora que vive en Madrid y a sus dos hijos. Los dos hermanos son de parecida edad, pero el mayor es un poco más gordito.
No puedo seguir, parece que se acerca por mi calle y tengo que sacar la bolsa.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
He abierto el buzón de la casa y hay varios folletos de empresas que venden sofás, mesas, sillas, ordenadores, apartamentos en el mar, lavadoras, frigoríficos, televisores de pantalla plana para ver la eurocopa,...
Voy andando por la acera y levanto un poco la mirada para ver las nubes en el cielo. Me doy cuenta de que hay algunos carteles de venta de pisos y casas en las terrazas.
Algunos coches llevan en el cristal un cartel que dice: Se vende.
Vengo de los puentes del río Jabalón. Cerca de la charca donde se baña la gente hay dos hombres pescando pececillos con una criba de las que usamos en las eras. He dejado el matadero atrás y voy subiendo con mi bicicleta en dirección a la ermita del Calvario. Este cortijo que hay a mi izquierda está recién blanqueado. Dentro hay varias vacas y las atiende un señor que el próximo año se va a marchar a trabajar a una fábrica de Sabadell.
En la primera casa del pueblo que hay a la izquierda, un carro con una mula atada a la ventana, tiene varias espuertas llenas de patatas nuevas. En la acera hay una espuerta con tomates y en la ventana en un cartón pone: Se venden melones. Los hijos van por la tarde en bicicleta a Villanueva de los Infantes. Están haciendo un curso de fontanería. Y cuando hagamos en mi casa el cuarto de aseo, uno de ellos nos va a poner los grifos y tuberías.
Estoy pasando con mi bicicleta delante de la puerta de la academia de Don Juan Ángel y al lado un cartel dice: Se vende parte de casa.
En la calle Agua hay una peluquería al lado de una ferretería. El peluquero está enseñando a unos muchachos una motocicleta y les dice que la vende en ocho mil pesetas. Es de segunda mano, pero dice el peluquero que tiene el motor trucado y que es una buena moto.
Al final de la calle de la Tercia, en la puerta de un corralón donde se guardan ovejas, hay un gitano hablando con cuatro hombres de este barrio. El gitano tiene en la mano el ramal de un burro. El burro tiene buena planta. Dice el gitano que el burro es de Jaén y que se vende. Uno de los hombres está fumando un celtas corto y quiere comprarlo. Pero el gitano pide muchas pesetas y la venta no va a ser posible.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Este catálogo del centro comercial anuncia televisores con sintonizador TDT integrado, HD Ready, 2 conexiones HDMI, 2 euro conectores, tecnología DNIE... El precio total es de 549 euros, pero podéis pagarlo en 12 cuotas de 45.75 euros cada mes.
En el segundo canal programan hoy a las 9.30 horas, Aquí hay trabajo. A las 10.00 horas un programa de la UNED. A las 11.15 horas Los pueblos, hoy Sanabria. A las 15.30 horas Saber y Ganar. A las 16.00 horas Grandes Documentales, hoy el sur de Inglaterra...
Hace un año largo que ensayamos en mi casa sobre el lugar adecuado para colocar la televisión. Desplazando un poco el sofá hacia la puerta, queda un hueco con la ventana que nos puede servir. De momento, hay noches que vamos a casa de los vecinos si hay fútbol y parece que no les importa mucho. Ellos nos invitan. Por las molestias que podemos causar, mi madre les ha dado un presente de la matanza y mi padre les ha traído un viaje de gavillas. Yo suelo ir, por las tardes cuando salgo de la escuela, a hacerles algunos recados. Algunas veces me manda mi vecina a comprar un cartón de paquetes de tabaco al estanco, que está al lado de la casa de Don José Vicente. Y otras veces le traigo media arroba de vino de la cooperativa.
La semana pasada cuando veníamos de sarmentar de una viña que tenemos por el Origón, había una furgoneta grande, que tenía escrita las palabras Werner Televisión, en la primera casa a la derecha de la calle del Río. Uno de los técnicos en el tejado colocaba la antena y el otro en la puerta estaba metiendo una caja grande. Por la noche, mientras cenábamos un potaje de habichuelas, hemos estado hablando de este tema.
Aquí, en mi calle, cuento cuatro antenas y el viernes al salir de la escuela estaba el mismo furgón de Werner Televisión en una casa al lado del barbero ecologista. De los muchachos y muchachas que estamos en quinto de EGB, somos pocos los que no tenemos antena en el tejado y esto nos produce algo de vergüenza siempre que hablan de lo que vieron la noche anterior.
El pasado 19 de enero fue miércoles y había algo de nieve en los tejados. Cuando llegué de la escuela al medio día, encontré el furgón de Werner Televisión aparcado en la acera de mi casa. Antes de irse los dos técnicos, mi madre les ha ofrecido un plato de chorizos y una botella de vino. Por la tarde al venir de la escuela, me he quedado aquí sentado para mirar la televisión. Tiene una funda de tela gris que la protege. Esta noche cuando venga mi padre del campo quitaremos la funda y la encenderemos para ver la novela. Mi madre me ha dicho que tenga cuidado con los botones y que no haga mucha fuerza. El de arriba es para la voz y los otros tres que no hay que tocarlos.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Me duele la cabeza. Estoy algo despeinado y mientras pienso me peino con los dedos. Paseo los dedos de delante hacia atrás y vuelta a empezar. A mediados de junio, cada año, sumo y resto. Estoy haciendo el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas del año 2007. Según avanzo me encuentro apartados diferentes que tengo que ir rellenando: Asignación tributaria a la Iglesia Católica. Asignación de cantidades a fines sociales. Rendimientos del trabajo. Rendimientos de actividades agrícolas, ganaderas y forestales. Base liquidable general. Cálculo del impuesto y resultado de la declaración. Retenciones y demás pagos a cuenta...
Números, números y números.
Un arriero de la Puebla del Príncipe lleva en un costal seis quesos y en mi casa mi madre le ha comprado dos. El arriero tiene en la cabeza una boina negra y viste una blusa ancha del mismo color. Ha dicho que la cuenta la haga el muchacho, y el muchacho soy yo. En la escuela me manejo bien con los problemas de matemáticas que hay en los libros, pero cuando me plantean estas operaciones con el queso delante, hay veces que me salen cantidades raras que no cuadran con el peso del queso o el precio del kilo. No me gustan estos exámenes caseros.
A la sombra de un árbol de la plaza que los muchachos utilizamos para coger hojas, de las que comen los gusanos de seda, hay tres jubilados haciendo una operación por la cuenta de la vieja. No les sale. Uno de los jubilados vive en la calle del Río, a unos cincuenta metros de la plaza, en la acera de la derecha. La cuenta es sobre unos costales de cebada que ha comprado uno para engordar al gorrino. El otro muchacho que está conmigo es de sexto de EGB y yo estoy acabando el quinto curso. Uno de los jubilados, ha sacado de su chaqueta de tela azul un lápiz y un poco de papel muy manoseado. Entre los dos hemos hecho la multiplicación y nos han dicho que somos muy listos. No era muy difícil la cuenta.
Venimos de jugar un partido de fútbol en una era que hay cerca del jardín, donde empieza el camino del cerro de la Cruz. Al pasar con las bicicletas por la plazoleta de la Tercia, un tendero que vende ultramarinos nos ha dicho que entremos en la tienda. Nos ha regalado una bolsa de pipas a cada uno de los tres. En el mostrador ha puesto un plato de aceitunas sin hueso para que vayamos cogiendo y después saca una libreta donde tiene anotados kilos de aceituna y litros de aceite entregados. Las operaciones no son muy complicadas, pero son bastantes y tenemos la cabeza caliente de tanto número. Hemos terminado las operaciones y en otro cuaderno tiene él hecho lo mismo. Ha coincidido en todo, lo nuestro con lo suyo; y el tendero nos ha abierto una cerveza pequeña a cada uno.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Los medios de comunicación, radio, prensa, televisión,... hablan mucho en los últimos tiempos de la crisis del ladrillo. El precio de las viviendas estaba tomando demasiada altura y el esfuerzo para comprarse una casa está resultando exponencialmente difícil.
Aquí cerca, un albañil de una compañía de seguros, tapa con ladrillos un hueco que ha hecho el fontanero, para arreglar una pérdida en la tubería de las aguas sucias. Tiene cuatro o cinco ladrillos, el hueco no es muy grande.
En la casa del monaguillo veterano están arreglando una habitación. Su tío, con el remolque del tractor, les ha traído cinco sacos de cemento, un poco de arena de río y ciento sesenta ladrillos de los pequeños.
Por la plaza a la altura del ayuntamiento, hay una furgoneta blanca con las puertas de atrás abiertas. El señor de la furgoneta es de Bolaños y por los altavoces anuncia gallinas y pollitas ponedoras. Una señora de la calle Don Matías está preguntando el precio y ha decidido comprar una docena. Se marcha el señor de Bolaños en dirección a la calle de la señora con la furgoneta.
Aparece por la esquina del ayuntamiento un señor soltero de cincuenta años, que trabaja a tiempo parcial limpiando y fregando tinajas en la cooperativa del vino. Viene buscando muchachos y nos vamos tres detrás de él, hasta el almacén de materiales que hay en un rincón de la calle de la Ese. Este almacén de materiales pertenece a un comerciante que tiene tienda de ultramarinos y otras variedades en la calle nueva. El dueño del almacén de materiales, nos ha proporcionado unos guardapolvos a los muchachos para salvaguardar nuestra ropa. Antes de empezar, bebemos en un vaso de cristal, dos gaseosas de Los Gabinos. Una es de cola y la otra de limón. Las gaseosas tienen mucho gas y como estamos entre hombres, hay quién lo expulsa por la boca, haciendo ruido con la garganta. En el camión estamos dos y vamos acercando los ladrillos al otro muchacho, que es mayor que nosotros, y al señor de cincuenta años. Trabajamos en cadena y los dos que están en el suelo, le llevan los ladrillos al comerciante de la calle nueva, que cuenta y coloca en una pila junto a la pared. Quedan pocos ladrillos por descargar en el camión. Los brazos los tengo cansados y casi no me responden. De agacharme tantas veces, tengo agujetas en las piernas. El camionero mientras descargamos duerme en la cabina del camión. Estos cinco ladrillos que llevo en mis manos son los últimos. Estoy agotado, pero contento. El comerciante nos ha sacado otra gaseosa, ahora es de naranja y nos ha pagado. A los muchachos nos ha dado treinta pesetas, y mañana por la tarde dice que viene otro camión.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Esta mañana han entregado las notas en el colegio público a todos los alumnos. Antes, curso por curso, los niños han cantado y bailado para que los familiares pudieran verlos. En la grada del campo de deportes, todas las madres y algunos padres, han estado tomando imágenes con modernas videocámaras y máquinas fotográficas de las que no usan carrete o película. La felicidad en los niños parecía no tener límites, y en las gradas se oían conversaciones de cercanos viajes a playas de arena fina y vuelos en avión a países de Asia y América del norte, para aprovechar la fuerza del euro y la debilidad del dólar.
Son las doce de la mañana. Hoy no hemos traído cartera los muchachos de la escuela. El recreo ha sido muy largo y ahora estamos sentados en la clase esperando que Doña Celia nos entregue la cartilla con las notas. Estoy algo nervioso, pero no soy el único. Algunas niñas se tocan mucho el pelo y mueven las piernas debajo de la mesa. Están nerviosas como yo. Ha repartido la maestra las cartillas y dos niñas han empezado a llorar. Tienen la cabeza baja y las compañeras que han aprobado todo tratan de animarlas. Hay también dos niños que han suspendido alguna asignatura, pero estos no lloran; con voz débil han hecho un comentario poco correcto de la maestra. Antes de salir de la clase con la cartilla de las notas, rezamos varias oraciones a la Virgen del Rosario y un padrenuestro para que pasemos un feliz verano. En la calle hace mucho sol a esta hora y caminamos hacia nuestras casas por la acera que tiene sombra. Algunas señoras nos preguntan por las vacaciones y nos dicen que si han dado punto los maestros. ¡Qué tunantes! ¡Todo el verano de vacaciones! ¡Cómo viven los maestros!
Nos hemos entretenido en una tienda de regalos que hay enfrente del barbero ecologista y el comerciante se interesa por las notas que hemos sacado. De los cuatro muchachos que estamos en la tienda, soy el segundo que mejor ha puntuado. El comerciante nos felicita y aunque aquí se está fresquito, salimos en dirección a nuestros domicilios en busca de los fideos y el huevo frito.
Estoy sentado ahora en el portal de mi casa mirando las notas de la cartilla y pienso muchas cosas. Mañana bien temprano iré con mi padre a una tierra que tenemos por la Cordillera a arrancar frijoles con la mano. Al parecer, están de arranque y mi padre ha esperado a que diesen vacaciones en la escuela. Los frijoles pinchan las manos cuando están secos y además los cardos negros. Estos días de tanto calor, en el campo se derriten hasta los lagartos. Los días se hacen tan largos con el sombrero de paja en la cabeza que…
¿Sabéis lo que estoy pensando?
Que no quiero vacaciones, y que deseo que pronto llegue septiembre y vengan los maestros.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Este escaparate es de una agencia de viajes. Dentro hace fresquito porque tienen muy bajo el aire acondicionado. Tres señoritas trabajan en tres mesas dotadas con ordenadores de pantalla plana. La señorita de pelo rubio con el cabello rozándole los hombros, comenta a un matrimonio de jubilados, las características de un hotel de la costa Blanca en la población de Guardamar del Segura. El precio es por persona y noche en habitación doble. La señorita de la mesa central, tiene un novio militar de servicio en el Líbano, y está enseñando un catálogo de un hotel de Mallorca a una parejita joven. El hotel está situado cerca de la cala Millor. La tercera mesa de la agencia de viajes está al lado del escaparate y la ocupa una señorita gordita con gafas. En este momento está hablando por teléfono y no tiene clientes para atender.
Estoy probándome unas babuchas en una tienda de la calle nueva que está enfrente de una carnicería. El comerciante despacha mientras tanto a la hija pequeña de Don José Vicente, dos gaseosas de naranja y limón y un paquete de lentejas. En el mostrador hay dos montañas de sombreros de paja. El mayor es para los hombres y el otro montón, más pequeño y con cintas de colores, para mujeres y niños. Me quedan pequeñas y el comerciante ha entrado a la trastienda para sacarme unas de un número mayor. Detrás de unas cajas de galletas, veo la cabeza de la madre del comerciante, que me mira ahora que estoy esperando que me saquen las babuchas de mi número. Entra en la tienda un señor que trabaja en la Caja de Ahorros de Ronda y se dirige a un montón de periódicos de la marca ABC. Este señor que viene a comprar el periódico es de la provincia de Málaga y la semana que viene se marcha quince días de veraneo a su tierra. Ha entrado una señorita y se sitúa detrás del mostrador. Al parecer es sobrina del comerciante y ahora está atendiendo a una mujer de luto que trabaja ayudando en las tareas de casa en la farmacia. La mujer ha pedido cuatro paquetes de arroz y una garrafa de aceite. Estoy paseando un poco por la tienda para asegurarme que no me quedan pequeñas las babuchas y me pregunta el comerciante que si necesito otro número mayor. Me lo pienso un momento, porque mi madre me ha dicho que no me las compre pequeñas, que luego con las medias no me las puedo abrochar. El comerciante me apunta en la caja el precio con un lápiz nuevo y bien afilado. Después se lo ha colocado en la cabeza sujetándolo con la oreja. Salgo a la calle con la caja debajo del brazo y veo pasar un remolque con dos mulas que traen haces de cebada en dirección a las eras de la cooperativa. Nosotros tenemos una parva preparada y yo esta tarde estreno las babuchas.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Detrás de ese parque tenéis la piscina municipal. Disponen de una zona infantil vigilada y hay abundancia de sombra. Cada mañana, antes de abrir al público riegan la zona de esparcimiento y aquí encontraréis una temperatura agradable para aminorar los calores del verano. Puedo asegurar que pasaréis una buena jornada a la sombra de estos árboles. El restaurante ofrece una surtida carta de bebidas frías y heladería. La señora del bañador azul que lee una revista de cotilleo, viene todos los días a tomar baños de sol. Su marido es prejubilado de telefónica y pasa las mañanas refugiado en el aire acondicionado de su casa.
Acaba de tocar el reloj de la plaza las cuatro en punto. Me levanto de la siesta adormilado, sudoroso y cansado. En el patio de mi casa las moscas vuelan por todas partes. El sol a esta hora calienta y quema. Bebo agua del botijo de la cocinilla y me recompongo un poco. Las mulas en la cuadra se han bebido una espuerta entera de goma de las que usamos en la vendimia. Me he colocado el sombrero de paja en la cabeza y con mis babuchas nuevas voy camino de la era. En la acera de una casa hay dos muchachos dando aire a la rueda de una bicicleta. Están preparándose para bañarse en la charca del río Jabalón que hay cerca del matadero. A esta charca acuden cada día los muchachos que no frecuentan las eras. Sus padres tienen negocios de ferretería, talleres mecánicos o similares. Como son asiduos, han aprendido a nadar y nunca utilizan una cámara de rueda como flotador. Hay días que se acercan a una alberca, propiedad de un señor de Madrid que construye pisos y tiene un corralón para guardar los tractores cerca del jardín. Al cruzar la carretera, aprovecho la sombra que hay en la calle de la cooperativa. En las eras hay un remolque de tractor cargado con montones de garbanzos. Un muchacho que vive en el barrio del Cerrillo está trillando con dos mulas y no se ha traído agua de su casa. Al pasar enfrente de su parva, sale al camino y bebe de nuestro botijo. Hoy es un día de los más calurosos del verano y no se mueve ni una paja en las eras. En el cielo no hay ninguna telaraña de nubes y es una tarde adecuada para trillar. Enfrente de mi parva cruzando el camino, hay un joven trillando con dos borricos de su abuelo. Un borrico es negro y el otro gris con la barriga blanca. Si queréis hablar con él, habría que buscarlo en la ciudad de Yecla, provincia de Murcia. Las mulas me llevan en dirección contraria a las agujas del reloj. No cuento las vueltas que doy, pero puedo decir que son muchas. Y mi cabeza piensa en el agua de la charca del río, en el agua de la alberca del señor que construye pisos, o de la espuerta de goma que he dejado llena en el corral, para quitarme el polvillo cuando regrese de la era.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
He comprado una bombilla para el intermitente del coche, y al salir veo enfrente el centro veterinario que abrieron esta pasada primavera. Una señora lleva en brazos una perrita vestida con ropa ligera de verano. La perrita está peinada con dos moñitos; a la manera de las niñas de mi clase, cuando hacía el segundo año de parvulitos con Doña Mari Luz. La perrita se llama Zulima, y tiene un ojo muy rojo. Una rama del seto del jardín le ha producido la herida.
Estoy en un corral de la calle Esperanza Alta en el barrio del Calvario. Hemos venido con el carro y la mula vieja para moler tres sacos de cebada. El señor que nos atiende tiene gorrinos de engorde a la venta. Un hortelano de Infantes que acaba de vender la mercancía por las calles del pueblo, está intentando comprarle un gorrino de peso intermedio y han llegado a un acuerdo. En casa tenemos este año dos guarros para la matanza y los hemos comprado a unos arrieros que vienen del Castellar de Santiago. Este señor de la calle Esperanza Alta, en los próximos años va a ser alcalde del pueblo, y el hombre todavía no lo sabe.
De vuelta a casa con el carro y la mula, vemos un joven en la calle Gómez Tirado que está atando un saco de hierba a la bicicleta. El saco viene tan relleno que en un bache de la calle, se le ha desatado y ha perdido el equilibrio. Dice el joven que tiene seis conejas y cuatro están preñadas. No ha hecho falta que le ayudásemos a colocar el saco en el portaequipajes; porque ha salido de este corral de la derecha, un señor que trabaja con los dueños de esta bodega. Aquí de esta bodega, salen cisternas de vino para venderlo en Sevilla capital y provincia.
Aún no es tiempo de caza, y vienen de la otra parte de la carretera, dos señores que traen siete galgos de sacarlos a pasear. Uno de los galgueros vive al lado de la academia de Don Juan Ángel y el otro señor tiene su casa en esta misma calle, esquina a la calle General Mola. El último domingo de este año que se pudo cazar, venían por los puentes del río Jabalón y traían dos liebres cada uno. No entiendo de galgos, pero dicen los expertos que estos señores se manejan bien. Son maestros en la persecución de la liebre por los campos de Alcubillas.
Cerca de la esquina con la calle Cervantes, hay una carretilla que tiene cinco cartones de huevos. El dueño de la carretilla entrega genero en un bar que tiene también acceso por la carretera. Estos huevos son de unas gallinas que hay en una granja, al lado del quiñón de la plaza.
Ayer por la mañana, había tres mulas atadas en la ventana de una casa de la calle Tercia. En esta casa es frecuente ver mulas distintas. Unas veces las mulas son viejas y su destino es el matadero. Y otras veces, este señor y su hijo traen mulillas nuevas y de buena clase, para la labor.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Voy en mi coche y he parado en un semáforo que tiene la luz de color rojo. Delante de mí hay un automóvil de buena marca. Dos chicos jóvenes bailan en este coche al compás de una música machacona. Los cristales de las ventanillas delanteras van bajados y molesta el excesivo volumen que sale del interior.
Nos hemos acercado al cine de verano que hay al lado de casa. La película no es mucho de mi gusto, pero permanezco sentado aprovechando la brisa de esta noche veraniega. Al lado de la pantalla hay cuatro altavoces, dos a cada lado. La sala de máquinas está dentro de una furgoneta blanca y un hombre, con un puro encendido, maneja la parte técnica. El hombre del puro debe ser algo sordo. Va avanzando la película y el sonido no lo corrige. Está demasiado alto y hay quién se protege los oídos con los dedos. Se ha quedado mi silla vacía y todavía oigo en la distancia, el sonido del cine demasiado elevado.
Me dirijo al pueblo en mi bicicleta BH. Al pasar al lado de la caseta de cemento de la lucha antigranizo, veo un guarda rural que enciende en un artilugio, unos líquidos para contrarrestar el peligro de las tormentas. A lo lejos se oye rugir un poco el cielo. De la parte del Pozo de la Serna se acerca una masa oscura de nubes.
Doña Celia es una maestra joven y moderna. Con ella estamos aprendiendo a tocar la flauta. Estos días practico en mi corral la canción: Manda rosas a Sandra. Los transeúntes que pasan por mi calle, oyen el sonido de una flauta torpe y repetitiva. Mi, mi, mi, re, do, mi, do. Do, re, mi, mi, re, do, re. Si, do, re, do...
En el corral de al lado oigo cantar a un gallo, y el vecino golpea con un martillo el arado del tractor.
Por la calle pasa el pregonero y dice: Se hace saber, que el que haya encontrado un reloj que se perdió el domingo a la salida de la misa, lo presente a la voz pública y se le dará gratificación.
En una fragua de la calle de la Ese trabajan dos señores. Al pasar cerca se oye un repiqueteo: Tin, tin, tin, tin, tan. Y vuelta a empezar. Están aguzando seguramente una reja o reparando un arado de mulas.
Por la plaza, enfrente de la Caja Rural, pasa un carro tirado con una borrica blanca en dirección a la calle de Infantes. El señor del carro tiene un perro gruñón que va suelto. En el estrecho de la iglesia hay un gato. El perro gruñón ha salido veloz detrás del gato. El gato, chillando, ha desaparecido en la parte de atrás de la iglesia.
En la torre de la iglesia hay muchas palomas. Estoy sentado en la lonja de la parte de atrás de la plaza y oigo los sonidos que hacen. Un muchacho que vive en la carretera, ha disparado con una escopeta de plomos y las palomas enseguida han salido volando y ruidosas. Alguien ha comentado que viene el padre del señor cura. Y el de la escopetilla ha salido corriendo.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
En el primer piso de este edificio hay una clínica dental. Son especialistas en implantes, ortodoncias, blanqueos, piezas fijas o removibles y otros tratamientos para la boca. También atienden niños y si lo necesitáis, se acercan a vuestra casa para clientes de avanzada edad. Debajo de la clínica dental, existe una puerta de cristal que se abre sola, cuando alguien está cerca, y dentro huele a pan caliente. En este horno de panadería, siempre hay gente esperando, y por las tardes veo mucha venta de pasteles, bollos, y otros productos finos que me hacen girar la cabeza, cuando paso por la acera.
Este remolque de gavillas que traemos por el Camino del Cristo, no es para mi casa. Nos dirigimos a un corralón que hay al lado del jardín. Las portadas de entrada están en el camino que va al Pozo Duz. Dentro del corral hay mucha leña. En la parte de abajo hay dos montones de cepas y las gavillas las estamos descargando en la parte de arriba. Estos señores necesitan mucha leña porque tienen un horno de pan. Hay días que vengo con mi madre a hacer galletas alargadas, magdalenas, mantecados, naranjeras y tortas de chicharrones. Al panadero de este horno, en ocasiones le ayuda un hijo que es aficionado al baile, y un señor soltero que vive en la calle de la Culebra, enfrente de la farmacia. El dueño de la panadería vive en la misma acera que Don José Vicente. Y el hombre se desplaza hasta su centro de trabajo en una bicicleta. Su itinerario es siempre el mismo. De su casa a la calle de Gómez Tirado, hasta la altura de la guarnicionería. Baja por la calle Agua y gira a la izquierda en la esquina de una ferretería. Y al final de la calle del barbero ecologista, cerca de la caseta de la luz, tiene el panadero su negocio. Alguna vez, he cogido rosas del jardín que tiene delante, para llevárselas a mi madre. Colocadas en una jarra de cristal con agua, huelen muy bien y adornan la mesa camilla de la cocina.
El lunes pasado venían muchos alcubilleros cargados con bolsas de magdalenas. Mi padre estaba arando en una tierra que tenemos cerca de las Fuentecillas y también nos trajo varias docenas. Había un camión volcado en la carretera que transportaba magdalenas Ortiz. Y el camionero, que salió ileso del accidente, dio permiso para que la gente cogiera. Muchas bolsas estaban en perfecto estado, y creo que no quedó vecino de Alcubillas que no comiera magdalenas.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
En el aeropuerto de Barajas, estos días son muchos los pasajeros que han tomado un vuelo a destinos veraniegos. Según la oficina de información del aeropuerto, los vuelos con destino Pekín, han sido numerosos para asistir a las olimpiadas que allí se celebran. Otro aeropuerto que ha aumentado las operaciones, ha sido el de Palma de Mallorca.
Renfe ha incrementado el número de plazas ofertadas en dirección a las playas. Las zonas de Levante y Andalucía, reciben estos días una importante afluencia de viajeros por ferrocarril.
La trilla en las eras va muy avanzada. Esta mañana al cruzar con las mulas la carretera, había numerosas maletas en la estación, junto a la pared de la cooperativa. Han llegado los veraneantes de Sabadell. El autobús que los ha traído, salió ayer a las 21 horas de Cataluña. Han estado toda la noche viajando y se nota el cansancio en los rostros de algunos paisanos. Un matrimonio que vive al final de la calle del Río, en la acera de la derecha, han sido lo primeros que estaban en la carretera esperando el autobús. El hombre trabaja en la oficina de la Cámara Agraria. Hace un año que no ven a su hija y su yerno. He reconocido al pasar por la estación, a otros dos matrimonios que estaban esperando desde bien temprano. Uno de estos matrimonios tiene su casa en la calle Esperanza Baja y esperan a su hijo. Este joven antes de emigrar a Cataluña, era portero titular en el equipo de fútbol de Alcubillas. Y hubo partidos que de no haber estado él en la portería, el equipo de fútbol del Pozo de la Serna, nos hubiera goleado. Este portero de fútbol tiene una hermana joven viviendo en el pueblo, pero han comentado sus padres, que en pasando la vendimia, se va a marchar a trabajar con su hermano a Sabadell. Es una pena. Esta joven habladora, alegra las esperas en las tiendas, o en cualquier parte que te la encuentres. El otro matrimonio vive en la misma acera de la academia de Don Juan Ángel y esperan a una hija y un hijo. Este señor trabaja en las viñas del dueño de la bodega González, el valdepeñero. Al llegar el autobús con los veraneantes de Sabadell, el conductor ha tocado el claxon varias veces, y todos los familiares que estaban esperando, se han puesto muy nerviosos. El primer paisano que ha bajado del autobús, tiene su casa en el barrio del Cerrillo. El hombre lleva unas gafas de sol en el escote de la camisa, y al bajar y pisar el suelo, se ha emocionado. El autobús ha continuado viaje en dirección a Valdepeñas, y en el suelo han quedado las maletas, bolsas y cajas que traían de equipaje. Parte del equipaje, se dirige carretera arriba buscando las casas que hay cerca de la ermita de San Antón. He visto también algunas maletas que buscaban una casa en la acera del barbero ecologista. Y una familia de veraneantes, ha entrado con su equipaje en un patio de vecinos que hay en la plazoleta de la Tercia.
La confitería de la calle nueva, ha abierto una hora antes esta mañana. Y dice la dueña que han tenido mucho trabajo. Los propietarios de bares del pueblo y comerciantes de ultramarinos, se han puesto muy contentos con la llegada de los paisanos de Sabadell.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
En la sección de economía, de algunos periódicos de tirada nacional, se habla de las medidas económicas que ha establecido el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, para impulsar una rápida recuperación.
La ocupación hotelera en los destinos de veraneo está siendo buena. Y los atascos en las principales carreteras de nuestro país, han sido parecidos a los de años anteriores.
En mi casa ya hemos terminado de trillar. Y si pasáis por las eras de la cooperativa, que son las que más frecuento, apenas queda trilla. Estos días los alcubilleros en las eras, están aventando los montones de mies trillados. Hay varias máquinas con motor de gasoil, que facilitan esta labor. Nosotros no tenemos. Mi padre aprovecha las mañanas y las tardes que se mueve el viento. Ayer estuvimos todo el día llevando remolques a nuestro pajar. Y después de siesta, echamos un viaje a una tía que tengo en el barrio del Calvario, al lado del estanco; para encender la lumbre, cuando se acerquen los primeros fríos del otoño. Este oficio de meter paja, es el peor de los que hago al cabo del año. Yo siempre estoy dentro del pajar con un pañuelo de hierbas en la boca. Y es mucho el polvillo que trago, los sudores que paso, y la sensación de ahogo cuando tiro de los capachos, envuelto de paja hasta la cintura.
Estos días hay muchos veraneantes de Sabadell y Madrid en el pueblo. Y uno los ve vestidos con pantalones de tergal, zapatos bien lustrados, gafas de sol, pulseras de oro en las muñecas, relojes modernos y camisas de manga corta a la moda. Esta temporada se llevan de muchos colores.
Acabamos de meter la paja de este año. Ahora, como no madrugo, me quedo tomando el fresco por la noche, sentado en una silla baja en la puerta de mi casa. Hay noches, que se sientan con nosotros unos veraneantes de Sabadell. Y nos hablan de fábricas y telares. Nos cuentan la vida que llevan en su piso de Cataluña. Mis vecinos viven en una torre que tiene doce alturas. Su casa está en el quinto y hay cuatro vecinos por descansillo. El bloque, claro está, tiene un potente ascensor. Y nos comentan, que todavía no han tenido tiempo de ver la playa. Dicen, que en Sabadell no atan los perros con longaniza. Constantemente pasan por la calle alcubilleros que saludan o dan las buenas noches. Muchos de ellos son veraneantes de Sabadell y se paran un rato a hablar con nuestros vecinos. En el cielo se ve una luna preciosa, muy luminosa. Y el reloj de la plaza ha dado las doce y media de la noche. Ha mirado mi vecino en su reloj de pulsera, y dice que el reloj de la torre va diez minutos adelantado.
Estos días, si vais a la cooperativa a comprar vino, podéis encontrar un poco de cola. Y los pastores, están vendiendo muchos quesos para llevárselos a Cataluña.
Mi vecino, que ayer terminó las faenas de la era, se marcha el lunes de veraneo a los baños de Reolid. Y ahora, está lavando el tractor y arreglando el remolque para el viaje.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Estas escaleras me llevan a la Tate Gallery. Dentro encuentro una colección de pintura moderna inglesa y extranjera. Leo algunos rótulos de cuadros y encuentro nombres como: Turner, William Blake, Thomas Gainsborough, o Richard Wilson. Salgo a la calle y paseo hacia la Abadía de Westminster. La Abadía posee gran número de sepulcros y monumentos de personajes ilustres de varias épocas. El interior me recuerda a un famoso entierro retransmitido por televisión, y a un cantante inglés interpretando en un piano Candle in the Wind. Dejo a la derecha los Palacios del Parlamento y continúo andando hasta la Plaza deTrafalgar. En esta plaza veo muchas palomas, y me recuerdan la torre de la iglesia de mi pueblo en Alcubillas. Al norte de la plaza se encuentra la National Gallery. La colección nacional de pintura que hay dentro es de las más importantes del mundo.
Ha picado un pececillo en el anzuelo de la caña de pescar. El anzuelo y el hilo los he comprado en una ferretería de la calle Agua. Este comercio está en una esquina, cerca hay una pescadería y enfrente vive un guarda rural del campo. La alameda del río Jabalón se encuentra a doscientos metros del puente romano. A mi espalda en una huerta, un señor que vive en la Travesía del Calvario, riega, cava y quita hierbas. Y nos ha dicho que tengamos cuidado con los tomates. Al parecer, ayer alguien le dañó unas matas.
El sábado pasado, cuando volvíamos de pescar de la alameda, nos cruzamos con Don José Vicente y su familia que iban de paseo. Don José Vicente llevaba un libro en la mano y se dirigían al molino en ruinas que hay en el río Jabalón, a la izquierda del puente romano. Don José Vicente escribe artículos para el periódico de la provincia, El Lanza. Algunas tardes al salir de su clase, me entrega la correspondencia que ha preparado, para que la lleve al buzón de correos que hay en el estanco. El señor del estanco tiene una habitación anexa donde ejerce de guarnicionero. Al entrar noto un olor fuerte que extraño. En mi casa nadie fuma y según veo, este señor que vende el tabaco, tampoco tiene ese vicio. En la casa de Don José Vicente tienen una perrilla negra, y algunos días al salir de la escuela me voy con ellos, para llevar la lata de comida que han llenado con las sobras del comedor. En su casa hay muchos libros. Y algunas veces me regala un Lanza de días atrasados, para que lo lleve a mi casa. Son muchos los días que me regala el periódico; pero de momento no ha surtido efecto. En mi casa no somos suscriptores. Otro sábado, a la salida de misa, paseaba Don José Vicente con el Sr. Alcalde del pueblo, dando vueltas a la iglesia. Caminaban muy despacio, y parecían hablar de algo importante. En las eras del Calvario, están preparando lo que va a ser el Campo de Deportes, y se rumorea en el pueblo, que va a venir el Gobernador de la provincia para la inauguración.
Es una bendición esto de tener el agua en las casas. Nosotros tenemos un grifo en el corral, y ahora no vamos con el carro al pozo que hay en el cerro. Don José Vicente, en los artículos del Lanza, ahora está reclamando los desagües para el pueblo. Y tiempo al tiempo, seguro que lo consigue.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Estos días en los centros comerciales hay mucho ajetreo en la sección de librería. He encargado con suficiente tiempo unos libros escolares y me dicen que tengo que buscar en otra librería los que faltan. Veo madres con el pelo teñido de rubio y la piel bronceada acaparando bolígrafos, lapiceros, gomas de borrar, cuadernos, pegamento y otros materiales escolares. Las chicas de las cajas del centro comercial tienen la piel muy blanca. La tarjeta de empresa de la joven que me está cobrando, tiene escrito el nombre de Cristina. Y comenta a la compañera de la caja de al lado, que el día quince de septiembre le cumple el contrato y se va al paro.
La radio de la cocinilla emite un programa muy ameno. Están hablando de la crisis del petróleo y de los problemas laborales que tenemos en España. El locutor se llama Julio Cesar Iglesias, y recibe llamadas de oyentes desde cualquier parte de la geografía. Ha llamado un jornalero desde el pueblo de Marinaleda y ha expuesto la problemática de trabajo que tienen en Andalucía. El jornalero toca de lleno el tema de la Reforma Agraria. Otros oyentes critican la política que lleva el Gobierno de España, y también entran llamadas que animan a Adolfo Suárez para que solucione los problemas de paro que padecemos. Entre llamada y llamada, mastico lentamente la merienda. Estoy sentado en una silla baja en el patio, y en la pequeña mesa, me ha puesto en un plato mi madre dos chorizos, dos tajadas de lomo, un huevo duro de mis gallinas y un tomate muy grande de los hortelanos de Infantes. Para acompañar, tengo un cuarto de pan de kilo y de vez en cuando, bebo un traguillo de vino de una botella. Cerca de mí, mi madre y mi tía pelan tomates de un cajón de madera que hemos comprado a los hortelanos para hacer la conserva. Ahora en cuanto acabe la merienda, continuaré llenando botellas con trozos de tomate. Me acompañan media docena de moscas que se me paran en la cara, y cuando suelto la botella que estoy rellenando, las espanto con una servilleta. El final del verano se acerca. Por las noches refresca y hay mujeres que al sentarse en la puerta de sus casas, sacan algo de ropa para abrigarse. Los brazos y las piernas se quedan fríos, y nos metemos antes a dormir.
Por las mañanas, mi hermano y yo, vamos a escardar y quitar hierbas a las viñas. Tenemos una bicicleta y el que la coge primero, avanza una distancia y luego la deja en el camino y sigue andando. El que va detrás caminando, en cuanto llega a la altura de la bicicleta, sube en ella y alcanza enseguida al otro.
En Villanueva de los Infantes están de ferias, y por las noches vuelven algunos alcubilleros andando por la carretera. Otros tienen dinamo y faro en la bicicleta y vienen más rápidos.
Ahora en el fresco de mi puerta somos menos vecinos. Se han marchado los veraneantes de Sabadell, y a mí me entristece. No los volveremos a ver hasta el año que viene. Y el año es muy largo. Yo creo que cuando sea mayor, si me marcho a trabajar fuera, me iré a Madrid, que está más cerca. Y se puede venir más fácil en el tren hasta Valdepeñas; o en la pavilla, que te deja cerca del metro de Embajadores, cuando llegas a Madrid.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Las calles se han llenado de coches. La papelería, el estanco, la administración de loterías, la cafetería, el taller de motos, la tienda de lencería, la exposición de muebles, el taller de informática, la academia de inglés, la gestoría, la inmobiliaria, la tienda de alimentación, la clínica dental, el taller mecánico, la tienda de fotografía, el videoclub, la frutería, la óptica, la droguería, el restaurante chino y la peluquería, tienen abiertas las puertas. Varios de ellos han cerrado únicamente la segunda quincena de agosto. Todos han vuelto a sus quehaceres. Se reanuda la actividad.
Cuento en la hoja del mes de septiembre, del almanaque de la Caja Rural, los días que faltan para la fiesta de la Virgen del Rosario y me salen veinticinco.
Dice la madre del monaguillo veterano que su hija ha encendido una vela a nuestra patrona, para que no se adelante la vendimia y abra la cooperativa el martes después de la fiesta. Son cosas de la juventud para estar más guapas esos días y no tener las manos estropeadas por el mosto de las uvas.
La semana que viene abren la escuela los maestros. Estoy deseando que empiecen las clases para sentarme en la mesa con los libros nuevos. En la escuela me encuentro en la gloria. No paso ni frío ni calor. Cada año cuando arranca el curso, los maestros nos piden que hagamos una redacción sobre el verano. Y yo cuento siempre lo mismo. Actividades de trilla en las eras, trabajos en las viñas y algún baño esporádico en la charca del río. Hay muchachos que narran sobre sus vacaciones en la playa de Sabinillas, provincia de Málaga. Estos viajes los costea la Caja de Ahorros de Ronda para familias que tienen cuentas corrientes saneadas. Un chico se desplaza a la provincia de Granada a casa de sus familiares, y en la casa de otro alumno, tienen coche y van a las Lagunas de Ruidera.
Estos primeros días de septiembre vuelven ciertos olores al pueblo. Algunos vecinos aprovechan ahora que hay tiempo libre para sacar la basura. Nosotros hemos llevado dos remolques a una viña que tenemos en las Tiesas, y tres a un majuelo por el camino del Cristo. La basura de las casas que tienen mulas, emite un olor suave y poco penetrante. Es de temer, en mayor grado, a la basura que se genera en los retretes de las escuelas; o la que se forma en el servicio del bar de la plaza. Aquí, en estos casos, se necesita personal valiente para remover y llevar las espuertas hasta el remolque.
El tractor que se oye es de mi vecino, que acaba de volver de los baños de Reolid. Está conversando con el cartero titular, que hoy reparte la correspondencia porque su hijo, el estudiante, ha ido de viaje a Ciudad Real.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Han comenzado las clases de educación infantil y primaria. Estos días vemos a los escolares con las mochilas nuevas. En breve reanudan la actividad en los institutos de educación secundaria, y para matricularse en la universidad, hay que tener paciencia y aguantar las colas que se forman en secretaría. En las calles el tráfico ha empeorado y son numerosos los autobuses escolares que van haciendo las rutas.
La publicidad anuncia películas y obras de teatro de estreno para esta nueva temporada.
Las escuelas están preciosas. Han blanqueado todo el patio del recreo, los troncos de los árboles hasta la mitad, los retretes de los chicos y las chicas, y todas las clases por dentro. El comedor no lo he visto, pero creo que también lo han pintado de blanco. Este mes tenemos clase por las mañanas y por las tardes está la escuela cerrada. Hoy ha visitado el colegio el alcalde de Alcubillas y un concejal. Han estado hablando con los maestros y el director de la agrupación escolar mixta. El alcalde del pueblo trabaja en la Caja Rural Provincial que está situada en la plaza, al lado del ayuntamiento. Su mujer es maestra con los pequeños de párvulos. Esta señora vino al pueblo de directora de la Cátedra y contrajo matrimonio con nuestro alcalde. Las profesoras que vinieron impartían clases y actividades diversas como, cuero, cuerdas, bailes regionales, talleres de costura, clases de urbanidad y conferencias sobre temas variados.
Queda poco tiempo para que empiece la vendimia y algunos hombres están preparando los utensilios y herramientas que se necesitan. Se ven en algunos corralones grupos de espuertas de goma o capachos de esparto. Las dos guarnicionerías del pueblo trabajan estos días a pleno rendimiento, reparando las lonas de material para los remolques. Hay alcubilleros que han comprado lonas de goma de color azul y retienen mejor el mosto de la uva. En el tablón de anuncios de la cooperativa del vino, han puesto un aviso para solicitar jornaleros que trabajen esta campaña. No suele ser fácil encontrarlos, porque todos tenemos majuelos para vendimiar y este año se espera una buena cosecha. La semana pasada fui con mi padre a la Caja Rural a cobrar la liquidación de la uva. En la caja estaba también cobrando un señor que vive cerca del cine Aragonés, y es propietario además de un rebaño de ovejas. En su casa elaboran un queso de alta calidad. A veces voy, cuando me manda mi madre, a comprar uno para echarlo en aceite.
Se aproxima la fiesta de la Virgen del Rosario y los alcubilleros estamos blanqueando las fachadas de nuestras casas. Por la calle pasó ayer un camión pequeño que vendía cal viva, y según leí en el camión, la cal la traen de Carrizosa. Nosotros hemos encalado todo el corral, el patio y la fachada de la casa. Mi madre ha pintado de azul el zócalo de la calle y por las tardes estamos pintando las persianas y las sillas de la cocinilla. Los botes de pintura y el aguarrás, los hemos comprado en una ferretería que hay a la mitad de la calle Agua, enfrente de la panadería. El comerciante tiene un almacén de materiales al final de la calle, en dirección al río. No tiene hijos y me ha comentado que si tuviese uno como yo, le enseñaría el negocio para cuando le llegue la jubilación.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
El viernes pasado, Esmeralda llegó al trabajo en su coche Citroen de color azul. A diario usa el transporte público, pero ese día venía muy cargada con bolsas y botellas, que había comprado en un moderno supermercado. De casa traje mi guitarra para acompañar y fueron otros los que pusieron la voz. Sobró algo de comida y varias botellas ni se abrieron. Esta semana no ha venido a trabajar. Se ha desplazado a Galicia para preparar su boda en una aldea que está muy cerca del mar. Su novio es vigilante de seguridad y es natural de Pontevedra.
Un matrimonio llega a la plaza desde la calle del Calvario y se dirige a la iglesia. De la calle Cervantes asoman tres señoras con el mismo destino, y un chico joven, que viene de la calle de la Ese, camina despacio mirando el reloj de la torre. Este joven vive en el barrio del Cerrillo, enfrente del casino. En su casa tienen tienda de ultramarinos y estudia ingeniería técnica agrícola en Ciudad Real. En cuanto pasen unas temporadas, se licenciará en filosofía y se va a aficionar a la escritura. El seguro agrario en la provincia de Ciudad Real, Dios, La Mancha y el Hombre en la poesía de Juan Alcaide, Evocación, Vicente Cano, Poeta, Galería de Personajes, Alcubillas, un pueblo con historia, Desde el Mirador, y Foto Fija, son algunos de los libros que escribirá en los próximos años. También se le podrá leer en algunos periódicos de la provincia. Detrás de él, ha entrado en la iglesia el señor que trabaja en la Caja de Ahorros de Ronda con su señora, y un herrero que tiene la fragua cerca de la plaza. Las misas de novenario a la Virgen del Rosario las dice un párroco que viene de Cózar, y dos días vendrá un cura de Villanueva de los Infantes.
Junto a la iglesia, en la plaza de atrás, están colocando el tren de la bruja, los futbolines y la caseta para tirar a los palillos de madera con las escopetas de plomos. El hijo mayor de los feriantes es aficionado a la caza menor, y hay días que coge con las ballestas, nueve o diez gorriones en las eras del barrio del Río. Los muchachos no nos cansamos de montar en el trenillo, pero como el dinero es escaso, enseguida nos quedamos sin monedas, y la mayor parte del tiempo miramos los viajes que hacen otros. Hay chicos que viajan gratis todas las veces que quieren; son los hijos del señor que trabaja en la compañía que suministra el servicio eléctrico al pueblo.
Enfrente del ayuntamiento se sitúa un feriante del Moral de Calatrava, que hace rifas y entrega de premio tranchetes y navajas de vendimiar; o cubos metálicos con caramelos, almendras y turrones. El año pasado le tocó uno de ellos a mi hermano el mayor, que trabaja en Madrid, y pasamos una vendimia muy dulce.
Me gustan mucho las berenjenas de Almagro que vende una señora, en unas orzas de barro, en la esquina del ayuntamiento. El día de la Virgen vamos con un plato y compramos una docena para después de la comida.
Este año no está todavía claro si va a ver toros. El año pasado hubo un festejo taurino humorístico. Actuaban La Gitana Torera y El Gran Bombati. Al empezar la corrida un señor mayor, que vive en la esquina del árbol y tiene una hija viviendo en Sabadell, salió subido en una borrica para solicitar el permiso de la autoridad, mientras se oía la música de la banda de Bolaños. Todo fue muy gracioso. Solamente hubo una contrariedad. Un novillo empitonó a un banderillero de la cuadrilla de La Gitana Torera.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
El precio del carburante está por las nubes. Yo hago consumos de veinte euros y me estoy planteando incrementarlo a treinta, para que el depósito de la gasolina no se queje de sed. Hace un tiempo que yo mismo manejo la manguera y después tiro el guante de plástico a la papelera. En la caja me espera detrás del mostrador una señorita que ha nacido en Ecuador, y que siempre sonríe cuando vamos a pagar. Las estanterías de la tienda tienen periódicos, revistas, películas para mayores, accesorios para el coche y alimentos variados.
No tenían razón. Varias veces había oído en la tertulia junto al brasero apagado del barbero ecologista, que este pueblo no reúne condiciones para que instale un forastero un surtidor de gasolina. El barbero me está pasando la maquina manual de cortar el pelo. Estoy protegido por una tela de color azul cielo de los cabellos cortados. Un canario canta cuando el barbero picotea con las tijeras para hacerme el cuello a la moda. Argumenta, un señor que vive en esta misma acera y tiene a dos hijos trabajando en la telefónica, que Alcubillas no es pueblo para esos negocios. Hay otros dos hombres sentados junto al brasero. Uno es artista, y hay veces que me manda mi madre con algún puchero para que lo arregle en su taller. El otro vive en la calle de la Culebra y trabaja de vigilante nocturno en el ayuntamiento. Los tres señores y el barbero piensan lo mismo. No es pueblo para eso, no es pueblo.
Estamos paseando por la carretera. Bajamos la cuesta del cementerio y en la señal de stop del camino del Cristo con la carretera, hay un carro con dos mulas al lado mismo del bar de la gasolinera. Una de las mulas va atada a la parte de atrás, y el señor del carro, algo nervioso, habla con uno de los dos guardias civiles. El dueño del carro vive en la carretera, entre la carpintería y un bar con acceso a dos calles, y dice al guardia que ha comprado la chapa y que la tiene en su casa. El guardia civil es un hombre muy serio y tiene bigote. En un talonario está escribiendo una multa de quinientas pesetas. El carro y las dos mulas continúan su camino hacia la calle de Gómez Tirado. El dueño de las mulas va hablando solo y muy enfadado.
Este verano cruzaba la carretera un señor subido en una bicicleta en dirección a la gasolinera. En el portaequipajes llevaba una lata de aceite vacía para llenarla de combustible. Su casa está en la calle General Mola enfrente de una ferretería y al lado de la panadería. Tiene sembrado en una huerta del Origón melones y unas pocas sandías. Cada semana se acerca al surtidor con la lata vacía para que se la llenen de gasolina.
En la escuela hay dos chicos nuevos este año. Antes vivían en la población cercana de Montiel. Son hijos del señor que ha instalado el surtidor de gasolina en el pueblo. Todos queremos ser amigos de ellos y enseguida se han integrado en el grupo. Pero, ha surgido un conflicto. Las chicas ahora le hacen más caso a ellos. Tienen más éxito. Y esto puede dar problemas.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
La temperatura es baja en este almacén de frutas. Uno mismo puede coger de las cajas y esto es una ventaja. Lleno una bolsa de naranjas y aunque todas son buenas, elijo las que tienen mejor color. Tienen manzanas de varios colores. He echado en la bolsa las de color amarillo que son más grandes. Los plátanos de Canarias están algo pasados de maduración, y me decido por unas bananas etiquetadas en Costa Rica. Miro de frente a una caja de uvas y no sé si comprar. Las uvas siempre me recuerdan las manos pegajosas de la vendimia, el calor, las moscas y el rocío de la mañana.
La fiesta de la Virgen del Rosario ha terminado. Magnífica estuvo la banda de música de Bolaños. Las autoridades locales recorrieron las casas donde viven la reina y las damas, acompañadas por los músicos. La plaza estaba a rebosar de Alcubilleros. También había algunos forasteros del Pozo de la Serna y Villanueva de los Infantes. Hubo muchas risas y silbidos, cuando los de la corporación municipal impusieron las bandas a la reina y las damas. La reina de la fiesta, acompañada de nuestro alcalde, ha encendido el primer castillete de fuegos artificiales y todo el personal que nos encontrábamos en la plaza, hemos aplaudido con mucha fuerza.
Estoy recogiendo los granos de un racimo que se ha roto al tocar el borde de la espuerta, cuando lo he echado desde la cepa. En la boca tengo un trozo de una garrota de caramelo, que venía en un cubo de los que rifa el moraleño. Mientras mi primo, que trabaja con un señor de Madrid que construye pisos, termina su cepa, voy quitando pámpanas de la espuerta. Recuerdo los picores que cogimos el año pasado en la vendimia toda la familia. Uno de mis hermanos, subastó en la fiesta una caja roja de bombones. La caja de bombones no tenía escrita la fecha de caducidad y al parecer estaban bastante pasados. El resultado fue una alergia general con granos. Hicimos una vendimia muy incómoda. Ayer llovió fuerte y el terreno está muy mojado. Tuvimos que regresar al pueblo antes de la comida, y hoy estamos vendimiando con trajes de agua y botas de goma. Es más incómodo en estas condiciones que cuando el terreno está seco y acuden las moscas a la sartén. Hoy mi madre ha preparado unas patatas guisadas con tajadas de pollo; de postre dos melones de nuestra cosecha. Como el terreno está muy blando y el remolque puede atascar, la pareja más fuerte está sacando las espuertas hasta el camino, que está bastante lejos, y aunque son jóvenes, se les ve muy cansados.
Este año hay mucha uva en los majuelos. Mi padre está buscando una pareja para que nos ayude a terminar. A una parte de la cuadrilla se le terminan las vacaciones. De momento no se encuentra y hay que esperar a que vayan terminando en las casas grandes.
La escuela, según me dicen, estos días está medio vacía. Hace veinte días que no acudo a mi pupitre. Estoy deseando sentarme para saborear los libros de este curso; y para que se me quiten los dolores que tengo en la parte de atrás, debajo de la espalda.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
La señora que regenta la tienda de regalos, dice que no tiene línea telefónica en el comercio. Espera recibir un documento de la gestoría que lleva su contabilidad, y no le funciona el fax. Ha de entregar en la agencia tributaria, el modelo del pago del IVA correspondiente al tercer trimestre, y apenas quedan días.
He ido a la farmacia a comprar una caja de pastillas para el dolor de cabeza, y una crema para suavizar las manos. Delante de mí hay una señora del barrio del cerrillo, que ha encargado una caja de inyecciones para el reuma, y unos sobres efervescentes para abrirle el apetito. La dependienta de la farmacia va uniformada con una bata blanca muy bien planchada. Ha entrado por detrás del mostrador, desde la rebotica, el hijo mayor de la señora de la bata blanca, y le comenta que han llegado los técnicos de la telefónica. Al parecer, la tormenta de anoche les dejó el teléfono averiado. En la calle al salir, he visto una furgoneta de color gris y dos empleados vestidos con monos azules, que colocaban una escalera de madera en el cajetín de las líneas telefónicas. El empleado de teléfonos que sujeta la escalera fuma un puro de grandes dimensiones, y el compañero que ha subido y observa la caja de conexiones, comenta que no le llega línea, y que tiene que coger otro par. Los dos técnicos han venido desde Valdepeñas y están conversando con un señor de Alcubillas que trabaja en Madrid, en la misma empresa que ellos. Este señor del pueblo vive en la acera del casino, muy cerca de aquí. Los tres empleados hablan de la vendimia y el señor que vive cerca de la sindical, les dice que ha plantado almendros en unas tierras de su propiedad.
De camino a mi casa por la calle de la Culebra, veo a un guardia municipal del ayuntamiento, que trabaja de vigilante nocturno, cobrando un recibo de iguala para el médico, a una señora en la puerta de su casa. Esta mujer es hermana de un comerciante que vende productos de alimentación y tiene su comercio en la plaza, al lado del ayuntamiento. En este establecimiento, los muchachos pasamos mucho tiempo mirando en el escaparate, el mazapán y otros productos típicos, cuando llega la navidad.
El dueño de la guarnicionería que hay al final de la calle Agua, no tiene luz en la casa. Está mirando a ver si viene el señor que trabaja para la compañía que suministra el servicio eléctrico al pueblo. Dice que por el día no le hace falta la luz de la bombilla, porque se apaña con la que entra por los cristales de la puerta; pero que si no le arreglan hoy la avería, esta noche no va a ver en el dormitorio, cuando vaya a dormir, y tendrá que encender una vela.
El reloj de la torre de la iglesia no funciona y estos días está mudo. Es un caos. Estamos acostumbrados a los toques de la campana cada hora en punto y en el minuto treinta de cada hora, y este silencio nos extraña. Los alcubilleros sabemos que está averiado, pero no nos resistimos a mirarlo, cuando pasamos por la plaza. El albañil que le dá cuerda al reloj, estos días come con mayor tranquilidad; y esta avería, le permite descansar en su labor diaria de subir a la torre.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Este mes es de baja ocupación hotelera. Los precios de los apartamentos en los destinos veraniegos son muy asequibles. Los jubilados que no tienen nietos para atender, aprovechan ahora y escapan a tomar baños de sol a la costa mediterránea. Este autobús tiene como destino Benidorm, y lleva todas las plazas ocupadas. Varios de los jubilados que han subido al autobús, han trabajado en una caja de ahorros. Hay también algunos pensionistas de la construcción, y un matrimonio ha comentado que han sido enfermeros durante treinta y cinco años en un hospital.
En mi casa nos va quedando poca vendimia. Se ha ido una pareja de jóvenes que trabajan en Madrid, por haberse quedado sin días de vacaciones, y un estudiante se ha marchado para atender su curso de sexto de bachillerato, en un colegio de Granada. Mi padre ha encontrado a un matrimonio que vive por el barrio del río, en la calle de la Oliva; y al hijo mayor de un pastor que tiene su casa cerca del cine Aragonés. Si nos respeta el tiempo, acabaremos en cuatro o cinco días. La semana pasada escarchó y la uva ha perdido peso. Hay que tener cuidado porque al cortar el racimo se desmoronan los granos. Las navajas apenas las usamos estos días. Cogemos las uvas con las dos manos y tiramos suavemente. A parte de la espuerta, cada uno llevamos un recipiente pequeño, palangana de plástico o cubo, para que no se desgrane y se caiga al suelo.
El presidente de la cooperativa del vino vive al lado del barbero ecologista. Ha dicho que este año se ha batido el record de kilogramos de uva entregados, y como el envase es escaso, se está retirando mosto en dos camiones cisternas de acero inoxidable, para una bodega de Villarrobledo en la provincia de Albacete. Este hombre que preside la cooperativa del vino, es un virtuoso de la guitarra y de la bandurria. Cada año acompaña a la coral que canta los mayos en la ermita del Calvario. También posee aptitudes innatas para el dibujo en cualquier tipo de soporte. Hay alcubilleros que tienen que ponerse una o dos cajas de inyecciones de las que receta el médico, y acuden a su casa para que se las ponga.
Algunas casas grandes han terminado de vendimiar y ahora es más fácil encontrar personal libre. En el río y en algunos pozos cercanos del pueblo, se ven cuadrillas lavando espuertas, lonas y capachos. Nosotros vamos a un pozo que hay en el cerro del Jaroso. El paisaje es muy pintoresco. Hay una alameda, y unos pinos pequeños de un señor que construye pisos en Madrid. Este es el mejor día de la vendimia. Cuando se han secado la lona y las espuertas volvemos a mi casa, y en la cocinilla nos espera un pisto manchego, o unas migas de la tierra, acompañadas de granos de uva y trozos de queso. Dice mi padre, que uvas y queso, saben a beso. Y están buenísimas.
En la calle del Río, a cincuenta metros de la plaza, ha abierto la bodega que compra uva de la rebusca. Los propietarios son dos hermanos, y el vino que elaboran es de alta calidad, porque a estas alturas del calendario, la uva tiene mucho grado. Cuando salga de la escuela, los próximos días, iré con la bicicleta y un cubo, a rebuscar a una viña de las casas grandes, para ganarme unas pesetillas.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Son muchos los turistas que se acercan al 16 de la rue de Repas, para visitar el cementerio más famoso de París, Père Lachaise. Paseando entre sus calles, podéis ver las tumbas de personajes famosos como, Honoré de Balzac, María Callas, Frédéric Chopin, Moliere, Modigliani, Edith Piaf, Camille Pisarro, Marcel Proust, Rossini, Oscar Wilde, y otros muchos.
Hoy en la escuela hemos orado por todos los difuntos. En la última clase de la tarde tocaba francés, y la hemos aplazado para poder rezar el rosario. Me he fijado en el libro de lengua y literatura de la editorial Álvarez, y compruebo que la mayoría de escritores aparecen con dos fechas. La primera corresponde al nacimiento y la segunda es la del año en que ha fallecido el autor. Detrás del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, está Cervantes. En la parte de arriba de la página aparecen las fechas de 1547 y 1616. Leo sobre Quevedo, y aparece como fecha de su fallecimiento el año de 1645. Quevedo es un autor muy próximo a nosotros. Constantemente oigo chistes y dichos atribuidos a él. Un relato coloca al personaje subido en un árbol con los pantalones bajados, y a dos monjas paseando. La continuación no puedo ponerla por problemas de censura, y vosotros la sabéis. Es mucha la curiosidad que tengo por el personaje. A cada momento las personas mayores lo mencionan. Unos días antes de la vendimia viajé a Villanueva de los Infantes, para hacerme unas fotografías pequeñas que necesitaba en la escuela, y me acerqué a una ermita donde dicen que están sus restos. Después pasé a ver la celda donde vivió sus últimos días, en el convento de Santo Domingo. En los próximos años, cuando tenga coche, me acercaré a la Torre de Juan Abad, para seguir su huella. En este último pueblo, Quevedo tenía posesiones, y pasó largas temporadas.
En mi casa tenemos una televisión en blanco y negro de veinticuatro pulgadas. Dicen, que en Madrid se ven televisores a color en algunos bares. Los partidos de fútbol y las corridas de toros ganan mucho en estas televisiones. Cada tarde, al salir de la escuela, mientras meriendo pan y chocolate, o pan con aceite y azúcar, veo los payasos de la tele y los chiripitifláuticos. Por la noche, cuando estamos cenando, ve mi madre la novela. Estos días emiten capítulos sobre Historia de una Escalera, de Antonio Buero Vallejo; y anuncian, ahora que es tiempo de cementerios, Don Juan Tenorio. El año pasado, todavía no teníamos televisión en mi casa, pero han dicho los muchachos de mi clase, que también pusieron esta obra de José Zorrilla.
La semana anterior comenzaron los operarios del ayuntamiento a blanquear el cementerio. Se oye en el pueblo, que como el cementerio se está quedando pequeño, van a construir uno nuevo hacia la parte del surtidor de gasolina. No toda la gente está de acuerdo. Hay alcubilleros que prefieren que lo amplíen para la parte de poniente, lado Valdepeñas. El alcalde le ha ordenado al señor que riega y cuida el jardín, que estos días los dedique al cementerio. Este señor tiene su casa al lado de la ermita del Calvario. Hay días que lo vemos quitando hierbas entre las tumbas y pasillos del campo santo. Ahora que ha terminado la vendimia, se ven grupos de mujeres desplazándose por la carretera, camino del cementerio. La mujer manchega es muy hacendosa en la casa, y cuando llegan estas fechas, traslada sus quehaceres y sus oraciones a los seres queridos que se han marchado. En este momento tengo diez años cumplidos, y el último familiar que nos ha dejado, es un tío carnal de la calle de las Cruces. Los muchachos, cuando vamos al cementerio, después de visitar las tumbas de nuestros familiares fallecidos, recorremos las lápidas buscando las que tienen fotografías. Me he parado a observar a una madre y su hija en su labor de limpieza sobre una lápida, y veo en esta tarea una escena cinematográfica. Seguro que en los próximos años, el cineasta manchego Pedro Almodóvar, sabrá apreciar la fotogenia de esta secuencia.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
El ordenador deja escapar una ristra de canciones de los años setenta y ochenta a volumen bajo. El sillón y la mesa que ocupo son cómodos. La temperatura no se aprecia, no hace ni frío ni calor. Mi estómago está tranquilo y no necesita ingerir alimento de momento. Estoy rodeado de tranquilidad, relajación, armonía, paz interior y meditación.
Me he sentado enfrente de la chimenea y miro el lento arder de una cepa de viña. La silla que me acoge es baja. Pienso en el carpintero que ha ensamblado las maderas para construirla, y la imaginación se adentra en el taller de la calle Gómez Tirado. Bajo dos escalones y estoy pisando un manto blando de serrín. Veo el trabajo de un padre y un hijo cortando unas tablas y torneando una madera. El hijo en los próximos años va a desertar del taller, y se va a trasladar a la comunidad de Madrid. Creo que no me han visto y no les digo nada, pero me hacen recordar la silla de mi cocinilla, y admiro su trabajo.
Camino despacio por la calle Nueva y sin prisa. A lo lejos veo el reloj de la torre de la iglesia. A mi derecha, detrás de esta puerta, quedan los restos de una pequeña industria familiar que elaboraba gaseosas y venta de vinos espumosos. Delante de mí, camina con paso decidido, un señor mayor vestido con un traje de pana y una boina en la cabeza. Le han saludado desde la puerta de una carnicería que hay en la acera de la izquierda, y me doy cuenta que el hombre del traje de pana es algo duro de oído, tiene problemas de audición. Ha correspondido al saludo levantando el brazo izquierdo y bajando la cabeza. Debajo del brazo derecho lleva un paquete de periódicos del Lanza. Ha empujado la puerta de la droguería para dejar el diario, y el señor de la tienda enseguida ha comenzado a leerlo. El hombre del traje de pana vive en la acera del barbero ecologista, y se le ve contento. Sabe de lo importante de su trabajo, llevando la cultura de puerta en puerta y de casa en casa. En la página seis del periódico hay un artículo de Don José Vicente que trata el tema de la vendimia. El repartidor ha entrado en una tienda de regalos que hay cerca de su casa, y yo continúo calle abajo en dirección a la plaza del ayuntamiento de Alcubillas.
Al lado de la tienda de tejidos y la carnicería, veo una señora con un cubo de agua y unos trapos haciendo limpieza en una puerta. Hay días que la señora hace faenas domesticas en otras casas, y son otros los cubos y trapos que utiliza. A mi casa va algunas veces cuando mi madre blanquea las habitaciones y el salón comedor. La señora del cubo de agua es viuda, vive en una casa dentro de un patio de vecinos, junto al estanco y la guarnicionería. Creo que no cobra pensión de viudedad, porque eso son inventos de la modernidad, y aún no han llegado. Al pasar al lado de ella, me ha preguntado por mi madre, y enseguida ha continuado con sus tareas de limpieza.
Según me acerco a la plaza, fijo la mirada en la torre de la iglesia. Intento imaginar la construcción de esta belleza, varios siglos atrás, y pienso en todas las personas anónimas que colaboraron, para que nosotros ahora disfrutemos mirando. El encanto de la torre me anima a rodear la iglesia para contemplar la parte de atrás. No sé explicar bien lo que veo, pero me gusta. Arriba de mí, a la altura de los tejados, cientos de vencejos vuelan chocándose contra los muros de la iglesia. Por encima, en el cielo azul, un avión diminuto va dejando una línea blanca de humo muy rectilínea. Aquí en el suelo, en la lonja, un señor que vive en la calle Don Matías, a ochenta metros de la plaza, en la acera de la izquierda, está afilando unas navajas que ha usado para vendimiar. Me comenta, que en cuanto tenga permiso de conducción su hijo, le va a comprar un Land Rover de color blanco. Al lado, cinco niñas de mi colegio juegan a la goma; y cada vez que saltan, se sujetan los vestidos con las manos, para que no les veamos nada.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
La población española con índices elevados de glucosa en sangre ha aumentado en los últimos años. La vida sedentaria y el sobrepeso de los tiempos actuales, hacen que el uso de insulina para el tratamiento de la diabetes vaya en aumento. Los expertos en medicina nos hablan de factores de riesgo, prevalencia, diabetes tipo 1 y tipo 2.
Son las seis de la mañana de un día del pasado mes de agosto. Es de noche. Un autobús va a salir de la parte de atrás de la ermita del Calvario con destino a Argamasilla de Alba. Treinta y ocho alcubilleros viajan en este autobús para quitar hierbas en una plantación de remolacha. El jornal que pagan es de mil cien pesetas, pero hay que restarle una pequeña cantidad para costear el pago del transporte. No resulta fácil estar inscrito en la lista de los autorizados para subirse al autobús. Yo, sólo lo he conseguido dos días. El manigero vive a sesenta metros de la ermita, en la travesía del Calvario. Tiene una huerta al lado del puente romano en el río Jabalón. Le ha dicho a mi padre que tiene muchas peticiones, y que al muchacho, que soy yo, lo ha apuntado en la lista para dos días. El dinero que voy a ganar me viene bien para ayuda de libros. Una señora que va sentada en el autobús en los asientos de delante, va diciendo en voz alta que con lo que gane en la remolacha, va a comprar un sofá cama nuevo para el comedor, y cambiará las cortinas de su dormitorio. Esta señora vive en la misma acera del manigero, en una casa que hay en la esquina con la calle que va hacia el camino de las huertas. Tiene una hija y un hijo, y dice que cuando se case su hija, se va a marchar a vivir a Valencia. Con el paso de los años, esta joven residirá en la población de Tarancón, provincia de Cuenca. El futuro marido de esta joven estudia en un colegio de frailes de Almagro. Yo voy sentado con mi padre a la mitad del pasillo. En la parte de atrás va un grupo de chicos y chicas de mediana edad. Algunos de ellos son medios novios y se cortejan. El manigero les ha dicho que apaguen los cigarros a los que iban fumando, y parece que han hecho caso. Ahora molesta menos el humo. Aún no ha salido el sol, pero ya vemos con claridad las viñas y olivares de La Solana. El autobús continúa su ruta hacia la Membrilla y Manzanares. En este último pueblo sale una carretera que nos lleva hasta las plantaciones de remolacha de Argamasilla. Por el pasillo no se puede transitar. Hay bolsas de deporte y cestas de la compra con la merienda de todos nosotros. Arriba de nuestras cabezas, en un habitáculo pequeño junto al techo, hemos puesto los sombreros, y otros alcubilleros los llevan en la mano, encima de sus rodillas. Un señor que vive en la calle Tercia y compra y vende mulas y borricos, está diciendo chistes y la gente se ríe. Su hermano, que también vive en la misma calle, se ha puesto a cantar por soleares y otros palos flamencos. La gente del autobús aplaude y ríe. Yo voy algo nervioso. Espero no quedarme muy atrás en el hilo quitando hierbas. Dice mi tío, que vive por la calle del Río, que me ponga al lado de él y mi padre, para que me echen una mano, si me quedo atrás. El autobús se ha marchado y dice el conductor que vendrá a recogernos a las seis de la tarde. Las talegas, cestas y bolsas de deporte, las hemos dejado en una caseta no muy grande al lado de los pozos que riegan la remolacha. He tenido suerte. El encargado de la plantación le ha dicho a nuestro manigero, que los dos muchachos más jóvenes no cojan hilo y vayan de aguadores, para que no pase la gente sed. Hace mucho calor en estos campos de Argamasilla y enseguida se queda el botijo vacío. El otro muchacho que lleva el botijo vive en la calle Don Matías, y cuando sea grande le van a comprar un Land Rover blanco.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
En las aceras de las ciudades hay muchas hojas amarillas que se han caído de los árboles. Los barrenderos llevan un artilugio pequeño con motor de gasolina que produce un chorro de aire para barrer las calles. Una máquina de cuatro ruedas recoge toda la hojarasca que el otoño nos ha traído. En los pasillos del centro comercial hay muchas prendas de abrigo y los compradores, ahora en tiempo de crisis, miran y vuelven a mirar las etiquetas, antes de comprar.
Mi madre en la cocinilla ha preparado de almuerzo unos picatostes y un ajo de harina de guijas. Ha comprado la harina en una tienda de ultramarinos de la plazoleta de la Tercia. El comerciante de esta tienda es un hombre soltero que compra aceituna cuando llega la campaña de la recolección. Tiene acciones de la telefónica, y comenta que se ha ganado este verano, sin salir de su casa, cincuenta mil pesetas con sus participaciones en la bolsa. Antes de almorzar ha ido mi padre a comprar media arroba de vino a la cooperativa, y le ha dicho el bodeguero que ha llegado un camión con sacos de nitratos, y que haga el favor de ayudarles a descargarlo, porque no encuentran a nadie. También ha avisado a un señor soltero que vive en la calle Nueva, al lado de una tienda de alimentación, y que suele trabajar a tiempo parcial lavando tinajas en la cooperativa. Este señor es también habitual para descargar los camiones de ladrillos en el almacén que hay en un rincón de la calle de la Ese. Él lo niega, pero dos hombres le decían el otro día en la estación, que tiene un millón de pesetas ahorrados en una cartilla de la Caja de Ahorros de Ronda. No puedo confirmarlo, ni desmentirlo, no lo sé. Mi padre, estos días está repartiendo a mano el abono para poder sembrar la semana que viene. Las lluvias que hemos tenido al acabar la vendimia, han hecho que la sementera vaya un poco retrasada. Pero eso no tiene mucha importancia. La tierra se ha puesto muy buena, y a los hombres del campo se les ve contentos.
Antes de irme a la escuela, mientras mi padre almorzaba en la cocinilla, he ido a una ferretería de la calle General Mola a comprar una piedra de sal para las mulas. En mi casa tenemos dos, una es de color castaño y la otra es más oscura y tiene más años. Con estos primeros fríos del otoño, la mula vieja se nos ha resfriado, y ayer pasó el veterinario de Infantes a reconocerla. Al lado de la cuadra de las mulas, tenemos la cuadrilla de los gorrinos. Ya va quedando poco tiempo para la matanza. Este año, como tuvimos muchos melones en el verano, los cerdos han estado comiendo todos los que nos sobraron, y va a ser una matanza rara. Los gorrinos orinan mucho y no han cogido mucho peso. Hay quien dice que están diabéticos de comer tantos melones y tendrán altos los niveles de glucosa, como pasa con las personas.
El señor de Madrid que construye pisos, ahora que ha terminado la vendimia, tiene a su gente ocupada sacando la remolacha en las dos huertas de su propiedad. Este sábado y domingo pasado, estuvimos mi padre y yo ayudando a recoger la remolacha a un señor que tiene ovejas en un corralón de la calle de la Tercia, y también tiene carnicería en la calle Nueva, enfrente de la droguería. En el medio del día nos hizo buena temperatura y nos pusimos el sombrero. Pero, por la mañana escarchó, las remolachas estaban blancas, la tierra congelada, y teníamos los pies fríos y las orejas rojas. Las pámpanas de las cepas se han caído en las viñas. Hay alcubilleros que están podando y los sarmientos por el suelo están esperando que vayamos a recogerlos. En breve, empezaremos a hacer gavillas.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
En las grandes ciudades están colocando las luces de Navidad. Todos los centros comerciales venden productos típicos para fin de año. En el trabajo nos ofrecen décimos de lotería para el próximo sorteo del día 22 de diciembre. Este año con las dificultades económicas, la gente invierte más en ilusión, y sueña con cantidades grandes de euros.
Estoy haciendo cola en una frutería que hay enfrente de la casa parroquial. En la cabeza llevo memorizada la lista de lo que he de comprar. Dos kilos de naranjas valencianas, un kilogramo de manzanas, tres limones, y medio kilo de castañas. Este mes, es el mes de las castañas. Mi madre suele tostarlas en una chapa con agujeros que pone encima de las trébedes. De combustible utiliza una cepa de viña y media gavilla en la lumbre de la cocinilla. En la frutería, la señorita que nos atiende también vende nueces. Pero poca gente las pide, porque el precio no está al alcance de muchos de nosotros. Tengo pensado, si algún día me lo puedo permitir, comerme todas las nueces que ahora veo y no pruebo. Estos días los hortelanos de Villanueva de los Infantes venden cebollas para la matanza. Mi madre ha bajado de la cámara la caldera grande de cobre para irla preparando y poder cocer la cebolla. Hay matarifes que llevan en un carrillo una bombona de butano y un quemador para arreglar los gorrinos. Mi padre ha traído a la gavillera unos montones de aliagas, por si hacen falta. Las tajadas de tocino, cuando la cerda se ha quemado por medios naturales, saben mejor que cuando se han arreglado con el combustible de la bombona de color naranja. Todavía no hace mucho frío, pero estamos en su tiempo y en algunos corrales se van oyendo los gritos desesperados de los gorrinos, cuando se ven maniatados en la mesa y con el cuchillo largo amenazándoles. Uno de los matarifes de Alcubillas vive enfrente del casino. Es pastor de profesión y tiene un hijo con intenciones de escribir libros en los próximos años. Otro matarife que viene a mi corral, cuando llega este tiempo, vive al lado del cine Aragonés, y es dueño de un hermoso rebaño de ovejas. Su hijo mayor nos ha ayudado a terminar la vendimia de este año. Las hojas de los árboles en el patio de la escuela se están cayendo. Cuando salimos al recreo, pisamos unos montones amarillentos a la manera de alfombras, y los más traviesos de los muchachos juegan a la guerra tirando puñados de tierra y hojas. Este año hay en las clases estufas de butano. Las ha facilitado, al parecer, la Diputación Provincial de Ciudad Real. Tenemos en sexto de EGB un maestro que se viste con buenas camisas y utiliza corbatas y pañuelos de colores. Viene a la escuela, cada mañana, en un SEAT 127 de color amarillo, desde Villamanrique. Los fines de semana se ven coches de alta gama en la plazoleta de la Tercia. Estamos en temporada de cacerías, y cada sábado a las siete de la mañana suben de veinte a veinticinco ojeadores al remolque de un pastor que tiene carnicería en la calle Nueva, enfrente de la droguería. Este fin de semana pasado, los ojeos han sido por el cerro de la Cruz y toda la vega del río Jabalón. Los cazadores con galgos han tenido libre para la caza de la liebre y el conejo, desde la carretera hasta el camino de la Solana. El domingo a medio día venían con tres liebres en la mano, por el stop que hay en la gasolinera, dos hijos del vigilante nocturno que trabaja para el ayuntamiento y cobra los recibos de iguala para el médico.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
El día seis celebramos en España la fiesta que nos recuerda la constitución del año 1978. En la televisión vemos largas colas de ciudadanos acercándose a las puertas del Congreso de Diputados. Este año el presidente Don José Bono ha dado la bienvenida a los primeros visitantes que han atravesado la puerta de entrada.
Estoy recordando los gritos de mis gorrinos. Uno de los matarifes los llevaba atados con una cuerda en dirección a la mesa de operaciones. Varios de los niños que estaban mirando desde el remolque de las mulas se pusieron algo nerviosos, al contemplar la crudeza de la escena. Su padre, el ministro, escuchará con entusiasmo todo cuanto le cuenten sus hijos de lo vivido en esa fría tarde otoñal, cuando regresen a su casa de la capital de España. El día siguiente, antes del mediodía, volvieron a mi casa los matarifes para deshacer y partir en trozos toda la carne, lomos, tocinos y jamones. Para esta intervención han venido con pantalones, camisas y jerséis muy limpios. Han llamado a la puerta principal y desde el patio de mi casa se han dirigido hasta la gavillera del corral, donde cuelgan con la tripa abierta y la cabeza hacia abajo, a un metro del suelo. Debajo de cada uno, había puesto mi madre un pequeño lebrillo para recoger la sangre que, aunque en escasa cantidad, seguía goteando. La gata ha estado todo el rato comiendo unos restos del menudo que los matarifes tiraron al basurero. Miro a la gata y la veo lenta en su caminar y con la barriga llena, a punto de reventar. En la matanza, todos los de la casa llenamos el estómago, al estilo de las comilonas que se hacen en las bodas de pollo en pepitoria. En la cocinilla, mi madre, mi tía y dos primas, están haciendo los chorizos y las morcillas. La joven que le da vueltas a la manivela de la máquina, vive en el barrio que hay debajo de la iglesia, en una de las calles que va en dirección al río Jabalón. La otra joven que veis de pie en la mesa, pinchando con un alfiler las tripas de chorizos para quitarles el aire, vive en un patio de vecinos al lado del estanco y muy cerca de la casa de Don José Vicente. Mi tía está comentando a mi madre que, en tiempos, se vendía carne en mi casa. Al parecer, yo no lo he visto, mi familia materna viene de rama de pastores y carniceros. Ya sabéis que ahora tenemos televisión, pero como antes íbamos a ver los partidos a casa de mis vecinos, un matrimonio sin hijos, adoptamos la costumbre de llevarles cada año un presente de la matanza. En esta cesta de la compra me ha puesto mi madre, para mis vecinos, unas cuantas morcillas, algunos chorizos, y unas lonchas grandes de tocino para mitigar el frío del invierno que está a la vuelta de la esquina. Al volver a casa, he tenido que ir al ayuntamiento para llevar envuelto en un papel unas muestras de carne, para que lo analice el veterinario que viene de Villanueva de los Infantes. Creemos que no habrá problemas, aunque este año hay más tocino que lomo, y los jamones tienen más blanco que negro. Al final, van a tener razón los que decían que comer tantos melones no es bueno. En el ayuntamiento me ha recogido la muestra un señor con bigote. Estaba confeccionando una carta en una máquina de escribir utilizando dos dedos, uno de cada mano. El hombre debe de estar preocupado, porque he visto que tiene la expresión de la cara muy seria y bastante dura. Y eso que he llamado antes de entrar. He pedido permiso, igual que cuando vamos a otra clase a llevar algún recado entre maestros. Los resultados de la analítica que hace el veterinario tardan varios días y lo prudente sería no probar la matanza, hasta que el técnico de alimentación emita el fallo, o diga lo que tenga que decir. Pero para mi sorpresa, veo a la vuelta que en la lumbre de la cocinilla están asando un trozo grande de hígado y lonchas de tocino para la comida.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
Leo en un periódico que una manifestación centra los actos del Día contra la violencia de género. La concejalía de Igualdad de un ayuntamiento ha organizado varios actos para conmemorar el Día de la no violencia hacia la mujer. En la manifestación colaboraron los alumnos y alumnas de todos los institutos de la ciudad.
Mi madre y mi tía llevan las mangas del jersey recogidas por encima de los codos. Hoy tenemos una tarde desapacible y fría, de estos primeros días de diciembre. La gata y yo estorbamos en todos sitios. En la cocinilla está la caldera grande de cobre encima de las trébedes. El fuego está apagado. En un saco de arpillera ha puesto mi padre toda la cebolla cocida a escurrir, que se ha quedado en nada. Ha disminuido mucho el volumen después de la cocción. Queda poco espacio libre en la cocinilla para estar sentado. Abundan los lebrillos, orzas y platos con especias de olores intensos. Salgo al patio para dejar libertad de movimiento a mi madre y a mi tía. Aquí me encuentro con la gata que me mira nerviosa, y decidimos acercarnos al corral para observar los preparativos. Al pasar delante de la cuadrilla de los gorrinos, miro por encima de la puerta y los veo inquietos. Creo que sospechan que ha llegado el día. Hoy casi no han orinado y el suelo tiene pocos excrementos. Cuando llega su día, se les restringe el alimento y la bebida, para que se encuentren más ligeros. Los mayores han comentado que este año es media matanza. No han cogido mucho peso, tal vez, por culpa de la glucosa en exceso de los melones. La gata está en el corral, cerca de la gavillera, mirando la mesa, sin mantel, donde van a ajusticiar los gorrinos. Yo sigo, aún, mirándoles por encima de la puerta, y como les he cogido cariño, me encuentro algo triste, porque anticipo lo que les espera en las próximas horas. Las tajadas de tocino calientes en las mañanas frías de enero, la morcilla en el potaje de habichuelas, el lomo, los chorizos fritos, o el jamón, cuando llega la primavera, me gustan mucho. Pero, prescindir del ruido que hacen en la cuadrilla cuando estamos cerca y necesitan beber agua o comer su ración de alimento, me costará tiempo habituarme. La gata alrededor de la mesa en el corral está contenta. Yo, en cambio, estoy contrariado. Las portadas del corral están semiabiertas. Ha entrado el guarda mayor del coto de caza, que es amigo de la familia, y le pregunta a mi padre que a qué hora vienen los matarifes. Mi padre le dice que están matando tres cerdos en casa de un señor que vive en la calle Esperanza Alta, y que en cuanto terminen vienen hacia aquí. Detrás del guarda mayor, hay seis o siete niños con buenos zapatos, pantalones cortos, jerséis de marca, abrigos largos de color verde, y un aire distinto del que tenemos los muchachos que vivimos en el pueblo. Cuatro niños de este grupo son hijos de los señores que tienen el coto de caza. Los otros dos son compañeros de colegio de los anteriores. Nos ha dicho el guarda mayor, que son hijos del ministro López Bravo. He pensado en mis gorrinos. Por lo menos, pueden estar contentos. En su fatal día, van a estar acompañados por dos hijos de un ministro en ejercicio. Los veo un poco afortunados en relación a los otros guarros que hay en las cuadrillas de los corrales de Alcubillas. Hoy, yo mismo desconozco que en los próximos años traerá El Lanza una noticia trágica. Un avión se ha estrellado en las maniobras de aproximación en el aeropuerto de Sondika en Bilbao. Ha fallecido en el siniestro el ministro Gregorio López Bravo. El comandante del avión se llamaba Patiño, que es un apellido muy común en Alcubillas. Y cuando he leído la noticia, me he acordado de mis gorrinos. Un señor con boina pequeña trae una bombona de butano al hombro, y su hermano debajo del brazo, en una esportilla de esparto, trae cuchillos largos. Son los matarifes. Acaban de llegar a las portadas de mi corral, y un grupo de niños con abrigos verdes y largos se han subido al remolque de las mulas en el corral, para presenciar el acto. Mi madre ha traído de la cocinilla un lebrillo para recoger la sangre, y uno de los matarifes, el de la bombona de butano al hombro, se ha metido con una soguilla dentro de la cuadrilla.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.
El día seis celebramos en España la fiesta que nos recuerda la constitución del año 1978. En la televisión vemos largas colas de ciudadanos acercándose a las puertas del Congreso de Diputados. Este año el presidente Don José Bono ha dado la bienvenida a los primeros visitantes que han atravesado la puerta de entrada.
Estoy recordando los gritos de mis gorrinos. Uno de los matarifes los llevaba atados con una cuerda en dirección a la mesa de operaciones. Varios de los niños que estaban mirando desde el remolque de las mulas se pusieron algo nerviosos, al contemplar la crudeza de la escena. Su padre, el ministro, escuchará con entusiasmo todo cuanto le cuenten sus hijos de lo vivido en esa fría tarde otoñal, cuando regresen a su casa de la capital de España. El día siguiente, antes del mediodía, volvieron a mi casa los matarifes para deshacer y partir en trozos toda la carne, lomos, tocinos y jamones. Para esta intervención han venido con pantalones, camisas y jerséis muy limpios. Han llamado a la puerta principal y desde el patio de mi casa se han dirigido hasta la gavillera del corral, donde cuelgan con la tripa abierta y la cabeza hacia abajo, a un metro del suelo. Debajo de cada uno, había puesto mi madre un pequeño lebrillo para recoger la sangre que, aunque en escasa cantidad, seguía goteando. La gata ha estado todo el rato comiendo unos restos del menudo que los matarifes tiraron al basurero. Miro a la gata y la veo lenta en su caminar y con la barriga llena, a punto de reventar. En la matanza, todos los de la casa llenamos el estómago, al estilo de las comilonas que se hacen en las bodas de pollo en pepitoria. En la cocinilla, mi madre, mi tía y dos primas, están haciendo los chorizos y las morcillas. La joven que le da vueltas a la manivela de la máquina, vive en el barrio que hay debajo de la iglesia, en una de las calles que va en dirección al río Jabalón. La otra joven que veis de pie en la mesa, pinchando con un alfiler las tripas de chorizos para quitarles el aire, vive en un patio de vecinos al lado del estanco y muy cerca de la casa de Don José Vicente. Mi tía está comentando a mi madre que, en tiempos, se vendía carne en mi casa. Al parecer, yo no lo he visto, mi familia materna viene de rama de pastores y carniceros. Ya sabéis que ahora tenemos televisión, pero como antes íbamos a ver los partidos a casa de mis vecinos, un matrimonio sin hijos, adoptamos la costumbre de llevarles cada año un presente de la matanza. En esta cesta de la compra me ha puesto mi madre, para mis vecinos, unas cuantas morcillas, algunos chorizos, y unas lonchas grandes de tocino para mitigar el frío del invierno que está a la vuelta de la esquina. Al volver a casa, he tenido que ir al ayuntamiento para llevar envuelto en un papel unas muestras de carne, para que lo analice el veterinario que viene de Villanueva de los Infantes. Creemos que no habrá problemas, aunque este año hay más tocino que lomo, y los jamones tienen más blanco que negro. Al final, van a tener razón los que decían que comer tantos melones no es bueno. En el ayuntamiento me ha recogido la muestra un señor con bigote. Estaba confeccionando una carta en una máquina de escribir utilizando dos dedos, uno de cada mano. El hombre debe de estar preocupado, porque he visto que tiene la expresión de la cara muy seria y bastante dura. Y eso que he llamado antes de entrar. He pedido permiso, igual que cuando vamos a otra clase a llevar algún recado entre maestros. Los resultados de la analítica que hace el veterinario tardan varios días y lo prudente sería no probar la matanza, hasta que el técnico de alimentación emita el fallo, o diga lo que tenga que decir. Pero para mi sorpresa, veo a la vuelta que en la lumbre de la cocinilla están asando un trozo grande de hígado y lonchas de tocino para la comida.
Saludos a todos y en especial a los que habéis hecho gavillas.